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    Las guerrillas de Colombia
Jorge Eugenio Ortiz Gallegos
5 de abril de 2008

En los años de la mitad del siglo pasado acepté visitar a Enrique Ponce, moreliano que había destacado en la sociedad colombiana por su éxito en los negocios.

En varias reuniones de la alta sociedad se me invitó a participar en alguna de las cacerías que frecuentemente se organizaban en las sierras, para conseguir como trofeos las cabezas de indígenas o simples campesinos, que explotaban la madera y algunas zonas de cultivo.

Recuerdo que en mayo de 1964 un grupo de 48 campesinos, en uso de su derecho de defensa, se convirtió en “guerrilla móvil”. Ya en los años siguientes la extensión de las juventudes comunistas se movió en los programas de la defensa agraria, fundando un movimiento que inauguraba el Programa Agrario, pasando a la historia con el nombre de la “Resistencia de Marquetalia”.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) dividen al pueblo colombiano y por supuesto ponen en jaque a cada presidente de la República. Una investigación independiente de carácter internacional llegó a afirmar que 20% de los trabajadores eran espías del gobierno, que simulaban su misión, mezclándose con el resto (80%), que eran miembros de la guerrilla.

En el año de 1985 Mario Menéndez, editor en México de la revista Por qué, se incorporó a una incursión de guerrilleros que asaltaron un tren en la sierra y se solazó tomando fotografías a pasto. Mario proviene de una familia muy conocida en Yucatán y con el tiempo fundó su propio periódico, Por Esto!, que compite con el extraordinario Diario de Yucatán, que dirige el doctor Carlos Menéndez.

La Secretaría de Gobernación encarceló a Mario Menéndez con la consiguiente alarma de los medios de comunicación. Estaba en esa ocasión de visita en Mar de Plata el presidente Díaz Ordaz, quien ordenó que se pusiera en libertad a Mario, pues de otro modo aparecía ante el mundo como una víctima del gobierno colombiano.

Las muchas organizaciones campesinas con células urbanas que siguen la lucha contra la falsa democracia de muchos de los gobiernos de Sudamérica denuncian la marginación de los pobres y sobre todo de los miserables que componen la población de más de 70% del mundo.

En nuestros días el caso de la guerrilla de las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo) muestra la inconformidad de las grandes mayorías que son perseguidas y reprimidas por los poderosos políticos y los hombres del dinero.

La guerrilla sorprendida por el Ejército colombiano hace poco operaba en una isla perdida en los cauces del río Amazonas. El hecho tuvo lugar en zonas en donde también operan las guerrillas urbanas. El campamento fue sorprendido en terreno ajeno correspondiente al Ecuador, y el gobierno colombiano trata de deshacerse en excusas. Forma parte de esta extensión del problema que el pueblo de Iquitos, donde han sido atendidos los miembros de la guerrerilla colombiana, es una ciudad de territorio peruano, distante solamente por el cauce de la orilla sur del río Amazonas.

jodeortiz@gmail.com

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