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    Visión de Lula
Jorge Montaño
4 de abril de 2008

La confirmada recesión en EU ha empezado a tener efectos negativos que en algunos casos se elevarán a rangos de desastre en las economías de América Latina y el Caribe. Paradójicamente, cuando la primera potencia mundial crece con generosidad, sus vecinos del sur reciben los efectos positivos en porciones menos que moderadas, lo que se complementa con la otra terrible verdad de que cuando soplan los malos vientos del norte arrasan lo poco que se había logrado en nuestra región. Lamentablemente, no hay regla de proporcionalidad, debido en buena medida a la miopía de un capitalismo poco incluyente por avaro.

Las decepciones ciudadanas por los escasos logros de las economías de mercado y el Consenso de Washington han producido un golpe de timón hacia una retórica y gobiernos con un marxismo tardío. La búsqueda de soluciones es válida; lo imperdonable es insistir en modelos incapaces de generar bienestar aunque generosos creando expectativas. Los países de Europa del Este, que en forma más ortodoxa abrazaron el socialismo irreal, han replanteado su estrategia, preservando la restricción de libertades fundamentales argumentando que se justifica con un innegable desarrollo económico.

Recién el presidente Lula, en un discurso en el menos avanzado noreste del país, analizó con crudeza la estrategia de crecimiento que ha llevado a Brasil a niveles de potencia mundial, a pesar de que el mandatario cuenta con credenciales de líder obrero y militante de la izquierda. En el mensaje acepta que ha perdido muchos amigos que esperaban una conducción conforme a la ideología socialista que había defendido. Sería un error acompañar el simplismo de quienes le han volteado la espalda por omitir la prédica de un catecismo superado, apegándose a una línea pragmática de pensamiento que está produciendo resultados al margen de los adjetivos.

Sin pretender ostentarse como experto en teorías económicas, asume las implicaciones de haber desafiado con éxito a quienes argumentaban que era imposible crecer combinando el control de la inflación con un desarrollo sostenido. Asimismo, se negó a asumir como propia la tesis de que el aumento de las exportaciones inevitablemente implica una disminución del mercado interno. Esta combinación de anatemas ha permitido que millones de personas marginadas se conviertan en pequeños consumidores. “Todo eso porque decidimos ser un país capitalista moderno. No hay posibilidad de ser un país capitalista si la gente no tiene acceso al crédito”.

En su visión realista sabe que la crisis en EU puede ser letal para la región, en tanto la gran potencia ha probado que sus intereses van por delante de cualquier consideración. Con ironía, conmina a Bush a aprender de la tecnología brasileña en rescate de bancos para que resuelva su crisis sin dañar a quienes han encontrado por primera vez en décadas la senda del crecimiento. Este enfoque pragmático, ensayado en menor escala pero con el mismo éxito por los gobiernos chilenos posteriores a la dictadura pinochetista, ofrece más opciones que la verborrea superada.

En su intervención, convocada por una inversión mexicana, alude a una asignatura siempre presente en el temario latinoamericano relativa al enigma culposo de la mala relación México-Brasil, donde las suspicacias mutuas son cada vez más inaceptables. En nuestra paranoia inmediata, recibimos la oferta de Lula de una probable asociación Pemex-Petrobras con un aldeanismo irracional. Sin haber analizado la propuesta, los guardianes del templo abrigaron las peores sospechas de la motivación carioca. Las experiencias compartidas no fueron argumentos para abrir espacios que faciliten superar la obcecada negativa vigente. Esa misma sensación de cerrazón dejó el canciller brasileño cuando hace unos meses aseveró en México que no tenían interés en ningún vínculo con el TLCAN.

Cuando Lula se pregunta por qué México no le tiene miedo a EU y sí a Brasil, cabría recordarle que los miedos y las reservas han sido tradicionalmente recíprocas. En esta ocasión, la mano tendida con gran visión debe aceptarse en una coyuntura favorable para ambas partes. En el ámbito político como en el económico somos más compatibles allá que con los vecinos del norte. Las agendas internacionales corren paralelas, mientras la estadounidense da vueltas en redondo para fortalecer egoístamente su propia posición.

montesco98@yahoo.com

Analista político

 
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PERFIL
 
Internacionalista, diplomático de carrera, consultor y profesor del ITAM.

Ex embajador de México en Naciones Unidas y ante el gobierno de Estados Unidos. Presidente del Consejo Editorial de Foreign Affairs en Español.

 
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