| Muchos militantes y simpati-zantes de izquierda se preguntan dónde perdió el rumbo el PRD, dejando de lado sus valores éticos y su razón de ser en la vida política nacional. Desde su fundación en 1989, como resultado de una alianza entre los partidos de izquierda, PMS, PRT y PMT, y la Corriente Democrática que había sido expulsada del PRI por exigir la democratización del partido y defender el nacionalismo revolucionario, el PRD se comprometió a luchar por un país más democrático y justo. Su lucha fue contra el autoritarismo y personalismo presidencial, contra el partido de Estado, el fraude electoral y el uso de recursos y programas públicos en beneficio de un partido o una persona y a favor de un modelo de desarrollo con mayor equidad e igualdad económica y social. En los 11 años (1989-2000) en que Cuauhtémoc Cárdenas mantuvo el liderazgo, la acción política se apegó, con pocas desviaciones, a valores éticos y sociales que lo distinguieron del PRI y el PAN. Cárdenas limitó la acción de las corrientes e impidió la llegada a la dirección del partido de grupos clientelares que se enriquecían y fortalecían con los programas sociales del gobierno de la ciudad. Con la llegada de López Obrador a la dirección del partido y sobre todo a la Jefatura de Gobierno del DF en 2000, no sólo se dejó de perseguir a estos grupos sino que los convirtió en sus aliados principales y en la base de su gobierno. El PRD, bajo el liderazgo unipersonal y excluyente de AMLO, abrió las candidaturas a antiguos enemigos del partido sin importar sus principios e ideología. Para López Obrador todo es válido con tal de llegar al poder, por lo que falsificó su residencia para ser candidato a jefe de Gobierno, se alió con Bejarano para crear una base política a través del condicionamiento a la gente más pobre de los programas sociales, y promovió una red de corrupción y chantaje desde el gobierno de la ciudad para conseguir recursos para su campaña presidencial. Después de su fracaso en las elecciones del 2006, en lugar de apostarle al partido, como lo hizo Cárdenas en 1989, apostó a consolidar su liderazgo personal y garantizar su candidatura para el 2012. Su liderazgo, si bien ha dado más votos y legisladores al PRD, ha provocado que se pierdan los valores y principios que dieron origen al partido, como quedó demostrado en las elecciones de hace ocho días. Quienes en su momento, yo en 2003, denunciamos la pérdida de valores y las mafias que se estaban apoderando del partido en el DF, fuimos marginados y perseguidos por AMLO y sus seguidores y tuvimos que alejarnos o salir del PRD; otros se callaron ante la posibilidad de ganar en 2006 y están hoy a punto de perder o salir del partido. La historia del PRD en estos ya casi 20 años de existencia tiene dos claros periodos: el de su construcción y lucha por los principios y un proyecto nacional con Cárdenas, y el del pragmatismo, clientelismo, falta de ética y lucha por un proyecto personal con López Obrador. De salir ganador Encinas se impondrá el proyecto personal sobre el partido, de ganar Ortega el PRD quedará roto a la mitad; la única alternativa es un presidente interino y la refundación al margen de liderazgos y corrientes como lo propone Cárdenas. Llegó la hora al PRD y a los auténticos militantes de izquierda, le siguen apostando sumisos a un liderazgo mesiánico o se rebelan y tratan de recuperar el partido de valores y principios que requiere la izquierda mexicana. demetriosodi@hotmail.com Analista político |