| “O estamos en una recesión, o ésta es la peor no recesión de la historia”, afirmó Anirvan Banerji, director de la investigación del Economic Cycle Research Institute, al inicio de la pasada recesión estadounidense. Hoy podría afirmar lo mismo, pero con un agravante: la actual recesión aparece asociada a una profunda crisis del sistema financiero, que —desde el colapso del quinto banco de inversión estadounidense (Bear Stearns)— comienza a sentirse como una bocanada de aire helado de la Gran Depresión. Para empezar, el Chicago Fed Nacional Activity Index (CFNAI), construido con 85 variables de periodicidad mensual, ha arrojado cifras negativas desde agosto; y en su versión CFNAI-MA3 —cuyos valores debajo de -0.70 revelan una elevada probabilidad de recesión— ha arrojado cifras de -0.78 en diciembre de 2007, -0.73 en enero de 2008 y -0.87 en febrero. Por su parte, el Leading Index de The Conference Board, construido con 10 indicadores económicos líderes, ha arrojado cifras decrecientes durante cinco meses consecutivos —situación que no se presentaba desde la recesión de 2001—, pasando de 137.4 puntos en septiembre de 2007, a 135 puntos en febrero de 2008. De esta manera, el aterrizaje de la economía estadounidense parece que no ha logrado detenerse a ras del piso. Desde octubre de 2007, el número de personas que reciben ayuda económica por desempleo ha crecido ininterrumpidamente, pasando de 2 millones 546 mil 500 en septiembre, a 2 millones 788 mil 500 en febrero de 2008 (siempre en cifras desestacionalizadas); el índice de la producción manufacturera, que alcanzó su pico en julio de 2007 (con 116.54 puntos), registró 115.26 puntos en febrero de 2008; el porcentaje de utilización de la capacidad industrial instalada, que alcanzó también su pico en julio, con 79.31% de utilización en las industrias de alta tecnología y 81.37% en las industrias tradicionales, se ubicó en 76.0% y 79.7%, respectivamente, en febrero de 2008. Finalmente, el ingreso personal neto de transferencias, que alcanzó su pico en octubre de 2007, con una cifra anualizada de 8,527.5 miles de millones de dólares (a precios constantes de 2000), descendió hasta 8,508.9 mmdd en febrero de 2008, de acuerdo con The Conference Board; y las ventas al menudeo, que alcanzaron su pico en noviembre de 2007, con un índice de 144.57 puntos, se ubicaron en 143.19 puntos en febrero de 2008. No es sorprendente, entonces, que la OCDE haya reducido su pronóstico de crecimiento económico para Estados Unidos hasta 0.1% en el primer trimestre de 2008 y 0.0% en el segundo, cifra no observada desde el tercer trimestre de 2001. Ahora bien, hay que recordar que el Comité de Fechas del Ciclo de Negocios, del National Bureau of Economic Research (NBER), que es el encargado oficial de definir cuándo empieza y cuándo termina una recesión en Estados Unidos, aplica un concepto de recesión menos específico que el utilizado convencionalmente por los economistas (dos trimestres consecutivos o más de declive del PIB real). Aunque el NBER reconoce que “la mejor medición de la actividad económica es el Producto Interno Bruto real”, resalta las desventajas de este indicador, que es elaborado trimestralmente y está sujeto a revisiones posteriores, razón por la cual la metodología tradicional del NBER se basa en indicadores mensuales de empleo, producción industrial, ingreso personal y ventas del comercio. No obstante, las recesiones determinadas por el NBER —excepto tres, desde 1854 hasta la fecha— han incluido dos trimestres consecutivos o más de declinación del PIB real. Por eso, en la reciente encuesta realizada por The Wall Street Journal (13/III/08), 71% de los economistas consultados consideró que Estados Unidos se encuentra ya en recesión, al tiempo que se manifestó una creciente preocupación de que la recesión en 2008 podría ser más severa que las de 2001 y de 1990-1991. Este es el punto: aunque resulta evidente que la economía estadounidense no ha logrado escapar del “ciclo Juglar” (véase nuestra entrega del 14/II/08), es indudable que las resueltas acciones contracíclicas de política monetaria y fiscal evitarán una caída mayor y más prolongada que ocurriría en ausencia de políticas macroeconómicas expansivas. No se trata ya de evitar la recesión, sino de exorcizar el espectro de la Gran Depresión. Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM |