| Durante siglos los políticos han usado conceptos mágicos que les permiten eludir la normatividad que se aplica a los ciudadanos comunes: razón de Estado, seguridad nacional, estado de excepción, amenazas externas, patria en peligro. Estos conceptos son muy útiles políticamente, pues plantean una situación de emergencia en la cual no se aplican, no se pueden aplicar, las reglas comunes. Si la seguridad nacional está amenazada, el político en cuestión tiene la autorización implícita (la mayoría de las ocasiones, la autorización que él mismo se da) para hacer prácticamente lo que sea: yo te parto la cara (con todo respeto) porque la seguridad nacional está en juego, o porque nos amenaza el comunismo, o porque nos amenaza Estados Unidos, o porque nos amenaza el capital privado. En fin, cualquier amenaza, real o inventada, es válida para no aplicar las leyes o, de plano, violarlas abiertamente. Esa es la justificación de gobiernos autoritarios. Toda esta discusión viene a cuento porque desde hace algunos meses, el ex candidato del PRD a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador, ha venido enarbolando el discurso de que la patria se ve amenazada por una propuesta de “privatización” del petróleo, cuya presentación es inminente por parte del gobierno de Felipe Calderón. Desde luego, en una democracia no es raro que haya opiniones diversas sobre el tema del manejo de los recursos petroleros y muchos otros más. En ese sentido no es ni sorprendente ni condenable que López Obrador y una parte de la opinión pública se oponga a todo lo que les parezca privatización (cualquier cosa que esto pueda significar) en el tema del petróleo. Lo que sí es condenable en una democracia es que la manifestación de estas ideas se haga por vía extra- institucional, como ya lo ha anunciado el propio AMLO. Seguramente habrá muchos que coinciden con la lógica del político tabasqueño, de que la patria está en peligro en el tema del petróleo y que, por ello, hay que hacer cualquier acción para impedir la llamada “privatización”, como bloqueos, tomas de carreteras, etcétera. En esa lógica, no importa que el tema se discuta en un Congreso legal y legítimo, por quienes resultaron ganadores en una elección que no fue impugnada (la única que fue impugnada fue la presidencial, no hay que olvidarlo). Eso es irrelevante. Como la patria peligra, hay que parar dicha decisión a como dé lugar. En el fondo, el razonamiento es el mismo del régimen priísta: nosotros representamos a la Revolución Mexicana, la cual representa al pueblo; por lo tanto, cualquier oposición es ilegítima. Es la lógica de Plutarco Elías Calles cuando se oponía a que hubiera partidos de oposición al partido de la revolución. Es la lógica del “fraude patriótico” contra los partidos de la derecha. Es la lógica de quienes se quejaban amargamente en los años 80 de que ganaba el PAN: finalmente la democracia, decían, no puede servir para que gane la derecha; la democracia es para que gane el pueblo (al cual representaban los mismos que sostenían ese argumento). Las manifestaciones contra cualquier proyecto de reforma energética son bienvenidas en una democracia, a través de los medios legales e institucionales. AMLO y quien quiera puede expresar su desacuerdo con este proyecto de ley y cualquier otro a través de su derecho constitucional de manifestación, el cual es pacífico y legal, pero no a través de acciones “pacíficas” pero ilegales. Puede también buscar convencer a los legisladores del PRD, del PRI y hasta del PAN. Lo que no puede es usar a la patria para un asunto que se debe dirimir en el marco de una democracia. Aquí la única patria son los ciudadanos que expresaron su voluntad en las urnas y que eligieron al Congreso que tenemos. Y ese Congreso es el que va a decidir cuáles leyes se cambian y cuáles no. Si a AMLO no le gusta el Congreso (y está en su derecho de que no le guste) debería estar ya construyendo una estructura que le permita a su partido tener más diputados y senadores en el futuro, no sólo manifestantes en el Zócalo nomádico. jorge.chabat@cide.edu Analista político e investigador del CIDE |