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    Lodazal
Germán Martínez Cázares
25 de marzo de 2008

Tardaron en caer mucho menos que un cojo. De inmediato supimos de qué están hechos los perredistas. Dicen querer una revolución democrática para México, cuando son incapaces de organizar una pequeña lista confiable con los nombres y apellidos de sus militantes. Gritan que quieren una “democracia ya y una patria para todos”, cuando reproducen las peores prácticas de fraude electoral y se excluyen entre ellos. Organizan un gobierno legítimo para la nación y ni siquiera se gobiernan a sí mismos.

No son consecuentes entre lo que exigen afuera y lo que hacen adentro. Son los mismos que ayer culparon de un gran fraude electoral a todas las instituciones de la República, los que hoy se pretenden erigir en adalides de la moral pública, y acusarse de “ganar por ganar haciendo uso de cualquier tropelía” (La Jornada, 23 de marzo de 2008).

Decía Ortega y Gasset que la moral es una cualidad matemática, en la que debe haber exactitud entre los valores y las acciones de cada individuo. Al invocar a la ética para enjuiciar los actos políticos debe haber esa exactitud entre la exigencia pública y el compromiso personal a futuro. Muchos militantes y dirigentes del Partido de la Revolución Democrática tienen dos varas: una, muy justiciera y digna para medir a sus adversarios, y otra, blanda y elástica para medirse entre ellos.

¿Estoy exagerando? Claro que no. ¿Es ético acusar al Instituto Federal Electoral de manipular el padrón electoral en la elección pasada y utilizar precisamente la credencial para votar que expide el IFE en su propia elección? ¿Es congruente culpar al IFE de alterar el padrón en la elección federal pasada y al mismo tiempo rasurar a sus militantes, como le ocurrió a doña María de Lourdes Casarreal (La Jornada, 17 de marzo de 2008)? ¿Con qué cara criticaron al Programa de Resultados Electorales Preliminares del IFE, el PREP, que no dio vencedor a López Obrador, cuando ellos mismos deciden, como Manuel Bartlett hizo en 1988, “bajar” el suyo? ¿Con qué autoridad dicen que se les cometió fraude electoral, cuando ellos, concretamente Dolores Padierna, exigen que no se permita incluir en las actas “las casillas no instaladas, robadas, inexistentes, ni las llamadas zapato, sea de quien fuere, venga de donde venga (La Jornada, 18 de marzo de 2008)? ¿También de eso van a culpar a Luis Carlos Ugalde?

Ayer acusaron a Vicente Fox de emplear electoralmente al Estado. Hoy uno de ellos en el Distrito Federal acusó al gobierno perredista porque “se vaciaron los padrones de los programas de desarrollo social del gobierno capitalino para llevarlos a votar chantajeando a los derechohabientes” (La Jornada, 21 de marzo de 2008). ¿Algo más para la izquierda que reclaman ética del gobierno? ¿De eso también van a incriminar al presidente Felipe Calderón?

Los perredistas se asumen seguidores de Copérnico. Creen que todo gira alrededor de los rayos de su sol. De su propio sol, de sus normas, de sus tribunales, de su razón, de su ética. Cuando juzgan a sus adversarios creen que ellos son el centro del universo. Pero bastó una simple elección para que mostraran el cobre, que aunque brilla no es sol.

***

En medio de todo su lodazal (Cárdenas dixit), el PRD seguirá pidiendo que se abran las casillas y se cuenten todos los votos de la elección presidencial pasada. De risa, ¿no?

Presidente nacional del PAN

 
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