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    Bombardeo a las arcas de EU
Pascal Boniface
19 de marzo de 2008

PARÍS.— Mientras el quinto aniversario de la invasión en Irak marca el debate en Estados Unidos y el mundo, crece la controversia por el cada vez mayor presupuesto del Pentágono y sus secuelas de largo plazo sobre la economía estadounidense.

El Departamento de Defensa de Estados Unidos requiere 515.4 mil millones de dólares en el año fiscal 2009, lo cual empequeñece cualquier otro presupuesto militar en el mundo. Y esta inmensa suma —un incremento de 5% respecto a 2008— es sólo para gastos de operación de las Fuerzas Armadas, excluyendo las guerras en Irak y Afganistán.

Desde que asumió el cargo en 2001, el presidente George W. Bush ha incrementado el presupuesto a la milicia regular estadounidense en 30%, de nuevo, sin contar el costo de las guerras emprendidas. El año pasado, el desembolso completo militar y antiterrorista de Estados Unidos excedió los 600 mil millones de dólares. Se puede esperar que el gasto total en asuntos militares del próximo año será aún mayor. Ajustada la inflación, el gasto militar estadounidense ha alcanzado su nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial.

¿Hay un límite para este boom de derroche? Estados Unidos está destinando más dinero para defensa hoy de lo que usó durante la guerra contra Hitler o en la guerra fría. La administración Bush parece creer que las amenazas militares son ahora más graves. El alegato sobre el tan cacareado “dividendo de paz” que se supone que vendría con la caída del muro de Berlín ha sido silenciado.

Desde luego, como la economía de EU ha crecido a mayor velocidad que el gasto militar, el porcentaje del PIB dedicado a la erogación militar ha caído con los años: 14% durante la guerra de Corea (1950-1953), 9% en la guerra de Vietnam y sólo 4% hoy.

Aun así, dada la magnitud del gasto castrense en estos días, uno puede preguntarse si es racional. La economía de EU va hacia la recesión; los nubarrones se posan sobre sus sistemas de pensiones y de salud y su presupuesto militar puede no tener siquiera sentido en términos estratégicos. Estados Unidos por sí sólo cuenta con cerca de 50% del gasto militar en el mundo, lo cual no tiene precedentes históricos en nación alguna.

El segundo país con mayor gasto anual militar total, el Reino Unido, está muy por debajo de EU: 55 mil millones de dólares, seguido de Francia (45 mil millones), Japón (41 mil millones) y Alemania (35 mil millones). China y Rusia, que podrían considerarse rivales estratégicos de EU, gastan 35 mil millones y 24 mil millones, respectivamente. Irán, considerado por Bush como amenaza mayor, es un enano militar: gasta 6.6 mil millones en su Ejército.

Mike McConnell, director de Inteligencia Nacional de EU, recientemente admitió a un panel senatorial que Al-Qaeda está ganando fuerza y mejorando firmemente su habilidad para reclutar, entrenar e incluso atacar a EU.

Aunque la declaración es demoledora, pocos líderes estadounidenses —demócratas y republicanos— parecen preguntarse todavía si el poder militar es la mejor solución a los problemas de seguridad. Ciertamente, delegando en las soluciones militares los problemas políticos, Estados Unidos parece incrementar en vez de reducir las amenazas que enfrenta.

Después de todo, el peligro que EU encara hoy no proviene de naciones sino de actores no estatales contra los cuales las armas nucleares y los portaaviones son inútiles. Sería menos caro y más enriquecedor para EU detener el conflicto palestino-israelí, regresar a un acercamiento multilateral y respetar los principios morales que recomienda a otros. De esa manera, sólo adoptando tal estrategia puede Estados Unidos empezar a comprimir el inflado presupuesto del Pentágono y enfocarse mejor en sus muchas tragedias domésticas.

©Project Syndicate

Director del Institute for International and Strategic Relations, París

 
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