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    Universidad y valores
Fernando Serrano M.
18 de marzo de 2008

Umberto Eco retrató en uno de sus libros, representativo de la literatura universal de finales del siglo XX, el ambiente en torno al resguardo y búsqueda del conocimiento en los años previos a la generalización de las universidades medievales. Su libro, El nombre de la rosa, cautivó a muchos y lo sigue haciendo con sucesivas generaciones de lectores, por su trama policiaca y por el claro dibujo de sus personajes; pero también a los críticos y a los estudiosos del lenguaje y la historia por la ambientación que mucho dicen sobre el control del conocimiento, entonces y ahora y por la sed de saber que suele romper las barreras que se le imponen, hoy, como entonces.

Las universidades representaron una reacción a ese atesoramiento patrimonialista ensayado por la Iglesia; en lugar de almacenar cultura y esconder el conocimiento dejándolo sólo a algunos iniciados, las primeras universidades representaron una nueva forma de ver al ser humano: la posibilidad de que cualquiera, con la única condición del talento y el esfuerzo, pudiera adquirir conocimientos antes vedados para casi todos. Si hay una institución que pueda preciarse de ser la primera en llamarse democrática, antes que cualquier otra, esa es la universidad. Lo mismo puede decirse de otros valores que a lo largo de los siglos han nacido en el interior de los claustros universitarios para luego migrar al ámbito general de las sociedades.

La UNAM no sólo no es una excepción a ese principio, sino que es una de las principales promotoras y creadoras de los valores y cánones de la cultura mexicana; aquí nació en la práctica y en el debate la idea de la perspectiva de género. Mucho antes de que los tribunales o los miembros del Poder Legislativo comenzaran a dictar normas al respecto, las mujeres iban ya ocupando lugares antes ocupados sólo por los hombres; hoy la Facultad de Derecho en su más joven generación está integrada por 53% de mujeres; otros como la tolerancia han sido prácticas tradicionales de nuestra casa cuando en la política general todavía era recurrente el uso de la violencia. Así, cada egresado de la universidad se convierte en un difusor de los valores universitarios, garantizando su paso a todos los estratos sociales de los valores que la cátedra, la reflexión abierta y la búsqueda del conocimiento van creando conforme la universidad desarrolla sus actividades.

Por eso, la tarea universitaria no se colma en el proceso enseñanza-aprendizaje, sino que se vuelca en la creación de valores y prácticas sociales, dando origen a la más importante de las misiones universitarias: ser conciencia crítica de la nación.

fernando.serrano@cide.edu

Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM, del Centro de Estudios Internacionales del Colmex y profesor visitante del CIDE

 
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PERFIL
 
Cursó las carreras de Derecho y Economía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Obtuvo el Certificado de Estudios Superiores en el Instituto Internacional de Administración Pública de París, Francia, y el de la Academia de Derecho Internacional de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, Países Bajos. Doctor en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Profesor por oposición en la materia de Ciencia Política y profesor titular de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es Profesor en las licenciaturas de Administración Pública y Relaciones Internacionales de El Colegio de México e Investigador Nacional por el Sistema Nacional de Investigadores. Autor de, entre otros: La vida Constitucional de México, La Ley y su proceso, El Particular frente a la Administración, Desarrollo Electoral Mexicano, Nueva Ley Federal del Derecho de Autor, El Grito de Independencia, Isidro Fabela y la Diplomacia Mexicana, La Propiedad Industrial en México, Toma de Posesión: El Rito del Poder y El Asilo Político en México.

Abogado general de la Universidad Nacional Autónoma de México del 1o. de abril de 1993 al 27 de junio de 1995 y del 19 de enero al 20 de marzo de 2000; actualmente es director de la Facultad de Derecho y es miembro de la Junta de Gobierno de El Colegio de México, consejero del Consejo Directivo del Centro de Investigación y Docencia Económica, consejero titular del Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y académico de número de las Academias Mexicanas de la Lengua y de Jurisprudencia y Legislación.

Ha recibido la Orden Nacional del Mérito de Francia; la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica de España y es Doctor Honoris Causa por la Universidad Paulo Freire de Nicaragua.

 
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