| Ayer domingo eligió el PRD a su nueva dirigencia. Al momento de escribir, no hay información que permita saber en qué dirección ha decidido transitar ese partido. Tampoco para evaluar la limpieza o turbiedad del proceso, aunque en los últimos días se incrementaron las denuncias, de todas partes. Después de esta elección, si todo sale bien, el PRD estará en condiciones de establecer con claridad su oferta política a la sociedad. Una oferta que se perdió después de la elección presidencial y que llevó a este partido a sus peor nivel de votación en 2007. El PRD podrá definir no sólo su línea ideológica y su práctica política, en una nueva etapa, sino también será más clara su selección de candidatos hacia la elección intermedia, que está a quince meses de distancia. Ya el PAN había hecho lo propio hace unos meses. El conflicto interior de ese partido, potenciado también por la elección presidencial, se resolvió a favor del presidente Calderón, con lo que se diluyeron las tendencias conservadoras extremas que desde 2004 se habían hecho del partido. La nueva dirección del PAN ha estado promoviendo cambios que le permitan consolidar su oferta, también con la elección intermedia en la mira. Falta por aclararse el PRI, en donde no hay todavía una línea clara. El liderazgo mostrado por Manlio Fabio Beltrones, desde la Cámara de Senadores, no necesariamente se reflejará hacia el próximo proceso electoral. La presidenta del partido, sin tanta presencia pública, también ha hecho lo suyo. La definición del PRI será el suceso político más relevante de los próximos meses. En varias oportunidades he comentado con usted que vivimos en una nueva etapa política. La anterior, que duró veinte años, terminó con la elección presidencial de 2006 y correspondió al final del régimen de la Revolución. Aunque desde 1986 se empieza a desquebrajar el edificio, no fue sino hasta la elección de marras que quedó claro que ya no hay futuro para la Revolución Mexicana. El último esfuerzo por restaurar al régimen se perdió en la soberbia, abriendo el espacio a lo que hemos visto desde el 1 de diciembre de 2007: la construcción de un nuevo régimen político. No quiero decir que haya sido sólo en los últimos meses que en México se han desarrollado las herramientas de ese nuevo régimen, sino que es a partir de entonces que los agentes políticos, en mayoría suficiente, aceptan jugar bajo nuevas reglas y en dirección a nuevos valores. Le recuerdo que ésa es precisamente la definición de un régimen político: el conjunto de reglas y valores que determinan cómo se llega al poder, cómo se usa y cómo se deja. En este proceso de construcción del nuevo régimen, tenemos por primera vez una coalición gobernante, sin duda encabezada por el Presidente, que ha logrado sacar adelante reformas estructurales. Puesto que es una coalición, estas reformas son producto de negociación, algo inusitado en México. No habíamos tenido, nunca, un Congreso que produjera cambios de fondo a través de la negociación entre fuerzas políticas. Antes de ello, tuvimos tres legislaturas, nueve años, en que la clase política no había aquilatado el tamaño de los cambios de estructura y mentalidad que el país había sufrido. Pero ahora ya está claro, éste ya no es el México del siglo XX. Las instituciones políticas ya no son las mismas. Y más importante, los mexicanos ya son otros, y no es tan sencillo convencerlos con los mitos que tan útiles fueron para el régimen de la Revolución. Pero el proceso no ha terminado. Los grupos que obtuvieron privilegios en el régimen pasado no están dispuestos a perderlos. Y aunque hoy son minoría, y no pueden ya aspirar al triunfo, tardarán en entenderlo, como tardó la clase política. El tiempo que tarden, nos costará a todos. De manera ineludible, las cosas cambian. Aunque a veces lo hacen demasiado tarde. www.macario.com.mx Profesor de la División de Humanidades del ITESM-CCM |