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    Sindicatos privilegiados
Editorial EL UNIVERSAL
17 de marzo de 2008

Abrumado por una complicada maraña de problemas económicos, políticos y sociales, el gobierno del presidente Felipe Calderón dio solución de última hora a la amenaza de huelga en la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, que provee energía al Distrito Federal y a la mayor parte del estado de México, Puebla, Hidalgo y Morelos

No hay una idea precisa del costo del arreglo, que incluye el pago de la deuda total de la empresa con el Seguro Social. Se ignora el monto del adeudo.

Aunque en caso de huelga los servicios públicos de esta índole son requisados, para mantenerlos sin interrupción, siempre hay más deficiencias que las normales en el suministro de energía y la tensión social se agudiza.

Hubo un incremento del 4.25% directo al salario, y 2% al transporte y al fondo de ahorros, así como medio milllón de pesos mensuales para que 250 hijos discapacitados de trabajadores puedan ser sometidos a tratamientos de equinoterapia y delfinoterapia.

Además se habló de un “histórico” acuerdo de productividad para mejorar, financiera, técnica y administrativamente a la empresa, donde se dan visibles casos de vicios, corruptelas y abundantes sobrecargas en los recibos.

Son públicas las conexiones sin contrato que se dan hasta en las calles cercanas al propio edificio de la empresa, en el tramo Melchor Ocampo del Circuito Interior y Marina Nacional, para tomar energía sin pago, y han sido denunciadas las ofertas de los trabajadores para retroceder los medidores y disminuir los pagos mensuales de los usuarios, a cambio de una cuota.

La misma compañía se sangra cuando adquiere el kilowatt hora de la Comisión Federal de Electricidad a 1.44 pesos y lo vende a 88 centavos a los industriales, subsidiados desde la expropiación petrolera que festejamos mañana. No parece ser ya necesaria tamaña gracia a estas alturas, cuando nuestra clase empresarial está entre las más boyantes del mundo.

Muy pronto, algunas de las organizaciones de los trabajadores que se unieron plausiblemente para ser más fuertes en la defensa de sus derechos han excedido sus metas. El Sindicato Mexicano de Electricistas, que tantos momentos ejemplares ha tenido en su vida, pretendía ahora un imposible compromiso de no liquidar nunca la empresa que lo contrata.

En Petróleos Mexicanos, los trabajadores, que crecen en número después de simulacros de ajustes, disfrutan de salarios y prestaciones del primer mundo, lo que estaría bien en una empresa saneada financiera y fiscalmente, y con una estructura adecuada que no solamente le extrajera utilidades, sino que le permitiera expandirse para rendir mejores resultados.

El sindicato petrolero, como el de los maestros, perciben abiertamente millones de pesos directamente de la empresa y del gobierno, que manejan a su libre albedrío, sin fiscalizaciones en serio. Además en ambos casos hay muchos que cobran sin trabajar.

Defendamos a los trabajadores, pero exijámosles también toda la responsabilidad que les toca.

 
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