| México es uno de los 13 países que alberga en su territorio 80% de la biodiversidad mundial y cuenta con 161 áreas naturales protegidas. Desafortunadamente, esta riqueza no se refleja en la calidad de vida de los mexicanos, toda vez que la conservación no es una de las prioridades del Estado. Una adecuada conservación de las áreas naturales protegidas involucra estrategias que combinen la preservación de los recursos naturales con su uso económico y racional, además de beneficiar a los habitantes de esas regiones. Estas estrategias deben estar enmarcadas en un plan de manejo sustentable de los recursos naturales en el que su aplicación sea garantizada por el propio Estado. En el DF, por ejemplo, existen dos pulmones fundamentales, que son el bosque de Chapultepec y el bosque de Tlalpan; ambos son áreas naturales protegidas que lamentablemente están sufriendo un severo y progresivo deterioro. El bosque de Tlalpan, área natural protegida desde hace más de 10 años, es proveedor de mil toneladas de oxígeno; libera a la atmósfera 170 millones de litros de agua de humedad; retiene 12 mil 650 toneladas de polvo; alberga 1.7 millones de árboles que sirven para mitigar el impacto que causamos al vivir en la ciudad de México. Además, recibe al mes más de 110 mil visitantes, que realizan actividades como atletismo, caminata y gimnasia; y es, por excelencia, un espacio apto para las reuniones familiares, talleres ambientales, etcétera. En los últimos años, esta zona ha recibido constantes agresiones que ponen en riesgo no sólo el equilibrio ecológico del lugar, sino también la sustentabilidad ambiental de la propia ciudad y, en especial, los beneficios que los capitalinos obtenemos de este bosque. Durante 2007 y lo que va de 2008 el bosque ha sido el lugar idóneo para la organización de conciertos, festivales y diversas actividades que han involucrado el consumo de bebidas alcohólicas y la generación de desechos sólidos que alteran el ecosistema. Además, existen varios proyectos que van desde la instalación de una pista de hielo hasta la realización del festival Hollín Kan que, de concretarse, afectarían la preservación y conservación de las diversas especies de flora y fauna endémicas y, por ende, el equilibrio ecológico de la zona. Además del deterioro del bosque provocado por las actividades mencionadas, el ambulantaje, la saturación vial y en particular la corrupción amenazan la conservación y preservación del bosque, todo ello ante la ausencia de un programa de manejo sustentable que debió haberse emitido desde finales de 1997, como lo establece la declaratoria de área natural protegida del bosque de Tlalpan. Derivado de esta situación, diferentes organizaciones ciudadanas han exigido a las autoridades que suspendan la realización de aquellas actividades que afectan esta área natural protegida, a través de diversas demandas y de una intensa movilización ciudadana. Es imperativo que las autoridades locales atiendan cuanto antes las demandas ciudadanas y suspendan las actividades incompatibles con la conservación de los ecosistemas naturales, la restauración ecológica, el mantenimiento de las áreas verdes y espacios abiertos y las actividades de recreación y esparcimiento congruentes con la vocación de un área natural protegida. Pero sin un programa de manejo que establezca las acciones que se pueden realizar de manera sustentable dentro del bosque de Tlalpan, será imposible promover el uso adecuado de estos recursos naturales y cualquier esfuerzo aislado será insuficiente. Por el bien de los capitalinos, es necesario lograr la protección de esta riqueza natural y, al mismo tiempo, impulsar actividades que generen más oportunidades de bienestar para la población. Presidente nacional del PVEM |