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    México y el Grupo de Río
Rosario Green
11 de marzo de 2008

Hace cuatro días, en Santo Domingo, México recibió la Secretaría Pro Témpore del Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política, más ampliamente conocido como Grupo de Río, en la XX reunión cumbre de este foro integrado por 18 naciones latinoamericanas, a las que se han unido Guyana y los países agrupados en la Comunidad del Caribe (Caricom).

El gran valor político del Grupo de Río reside en ser el único espacio abierto a la participación de los países de América Latina y el Caribe sin injerencia de otros actores continentales, como en la Organización de los Estados Americanos (OEA), o extracontinentales, como en las cumbres iberoamericanas.

Otro aspecto que cobra relevancia en la actual coyuntura latinoamericana es que el surgimiento del Grupo de Río fue en buena medida resultado de la gestión exitosa del Grupo Contadora, en el que se conjuntaron esfuerzos de varios países latinoamericanos para conseguir la pacificación de Centroamérica en los años 80 del siglo pasado. Curiosamente, dos de esos países, Colombia y Venezuela, son hoy actores en una complicada situación geopolítica en la esquina noroccidental de Sudamérica, en la que también participa Ecuador.

Para completar una visión del actual contexto regional, es importante mencionar que un considerable número de países latinoamericanos pasa por una etapa de grandes transformaciones políticas que han llevado al poder por la vía democrática a fuerzas cuya orientación ideológica abarca un amplio abanico de posiciones de izquierda. Al mismo tiempo, existe una abierta competencia entre Brasil y Venezuela por el liderazgo en el escenario regional, si bien el primero busca tener mayor influencia económica y el segundo actúa en procura de ascendiente político. Otro aspecto, de carácter coyuntural, es el elevado precio que han alcanzado materias primas que producen y exportan varias naciones del área, concediendo a sus gobiernos mayores márgenes de maniobra.

Las circunstancias antes señaladas conforman el entorno en el que se dará el desempeño de México al frente de la Secretaría pro témpore del Grupo de Río, mecanismo que por su especificidad latinoamericana podría resultar un instrumento más eficaz para resolver crisis como la recientemente vivida, cuando la diplomacia llega a sus límites y sólo queda el diálogo directo de mandatarios, tal cual ocurrió en Santo Domingo. Una posibilidad semejante no existe en la OEA, en la cual además hay que lidiar con las suspicacias que genera la influyente participación de EU, normalmente inclinada al apoyo de algunos gobiernos que considera afines.

Sería iluso pensar que la crisis andina está zanjada, en virtud de sus múltiples componentes nacionales, regionales y extrarregionales, pero no cabe duda de que los gestos de acercamiento que tuvieron lugar en la cumbre del Grupo de Río, alentados por los mandatarios ajenos al conflicto, permiten albergar esperanzas de que se consiga restaurar una convivencia pacífica entre Colombia y sus vecinos Venezuela y Ecuador.

En estas circunstancias, particularmente delicadas, nuestro gobierno deberá conducirse en la Secretaría pro témpore con equilibrio y determinación, para recuperar su lugar de interlocutor clave en la región, lo que incrementaría su credibilidad ante otros actores internacionales como Estados Unidos y Europa.

Es la oportunidad de traducir en acciones concretas el discurso manejado por el presidente Calderón desde el inicio de su gestión, evidenciando la voluntad de participar activamente en el robustecimiento del diálogo y los mecanismos de colaboración con América Latina. No hacerlo fortalecerá la noción interesada en ubicar a México no sólo geográfica sino funcionalmente como parte de Norteamérica, aislándonos del entorno al que pertenecemos por razones históricas y culturales, con los múltiples costos que ello conllevaría.

Senadora de la República (PRI)

 
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PERFIL
 
Ex secretaria de Relaciones Exteriores, fue además subsecretaria general de la ONU. Ha sido embajadora de México ante los gobiernos de la República Democrática Alemana y la República Argentina. También, senadora en la LVIII Legislatura, secretaria ejecutiva de la CNDH, subsecretaria para América Latina y Asuntos Culturales y directora del Instituto Matías Romero de Estudios Diplomáticos de la SRE. Fue presidenta nacional de la Fundación Colosio A. C. y coordinadora de Asuntos Internacionales del CEN del PRI, así como académica e investigadora de El Colegio de México, la Universidad Iberoamericana y la UNAM.
 
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