| Las elecciones españolas del próximo domingo son importantes para aproximadamente 45 millones de españoles y para la perspectiva de las fuerzas progresistas del orbe. Con el revés que sufrió la izquierda en las elecciones francesas, y la derrota de Sègoléne Royal, la expectativa de millones de simpatizantes de las posiciones progresistas se encuentra en el triunfo de José Luis Rodríguez Zapatero, y de las propuestas que el Partido Socialista Obrero Español ha presentado ante la sociedad ibérica. El 9 de marzo, se renuevan las Cortes Generales: 350 escaños en el Congreso de los Diputados y 208 en el Senado, estarán en disputa. Tras las elecciones, se elegirá al Presidente del Gobierno, que no se realiza de forma directa por los electores sino indirecta por el Poder Legislativo; y el Presidente surgirá del Partido mayoritario. Aunque hace algunas semanas se dijo que los sondeos de opinión se estaban acercando peligrosamente, entre el Presidente del Gobierno Español, que va por la reelección, y su adversario, el Señor Mariano Rajoy, líder del Partido Popular, parecería que en los últimos días, y especialmente después del debate del lunes 25, la ventaja del candidato del PSOE se ha ensanchado. Rodríguez Zapatero ha sido un gobernante vanguardista, y por lo tanto, polémico. Ubicado en el hemisferio ideológico de la izquierda europea, imprimió a sus decisiones como presidente el valor de un verdadero renovador, con lo que eso tiene de riesgo, en una sociedad con un sustrato conservador muy consolidado, en un importante porcentaje de sus componentes. Tal vez por ello le profeso mayor admiración. Desde su postura ante la presencia de España en la Guerra de Iraq, que deslindó plenamente a su estrategia en el exterior de la que había aplicado el Presidente Aznar, y puso distancia del exPrimer Ministro británico Tony Blair; hasta la promulgación de la Ley de Igualdad, ejemplar por su contenido antidiscriminatorio y feminista, así como su muy interesante discurso en cuanto a la inmigración en territorio español. Sin duda, la agenda española es harto compleja. El tema de las autonomías, el tratamiento del terrorismo; su papel en Iberoamérica y otros tantos asuntos, esbozan un entramado de diversos temas, tanto en lo interior como en lo internacional, con múltiples aristas. El lunes 3 de marzo —día que habitualmente se publica mi colaboración en EL UNIVERSAL— se dará un segundo debate entre Zapatero y Rajoy. Ambos habrán de pulir sus estrategias, pues sus repercusiones en la orientación electoral pueden ser importantes. La continuidad del proyecto del PSOE en España, país que por cierto, alcanzó un crecimiento sustantivo de su economía, y se incorporó pertinentemente a Europa bajo el mandato de Felipe González, presidente de filiación PSOE, y artífice clave de la era moderna de España, es trascendental para seguir evolucionando en las respuestas a la agenda contemporánea de una nueva demografía, y, en el caso de lo exterior, para seguir ensanchando los cauces de la cooperación internacionalista. Desde otra óptica, lo triste es que la estrategia del Partido Popular haya sido un discurso y actitudes políticas polarizantes. Si bien es cierto que España tiene todavía heridas abiertas, particularmente las que se vinculan con los descendientes de los republicanos victimados, también es verdad que, viejas y nuevas generaciones habían hecho intentos de reconocer un piso común, independientemente de profundas diferencias políticas, como las existentes entre la ultraderecha española y las expresiones más radicales de Partidos Regionales, e incluso, de segmentos del PSOE. Polarizar las campañas, como táctica de la derecha, endurece la política y deja secuelas que van abismando a la sociedad. Tal vez la pasión española se encuentra detrás de eso. Cito versos de un gran poeta español, Gabriel Celaya, que recuerdo, porque este texto es para definirme abiertamente como simpatizante del PSOE que soy: “Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos, dar un sí que glorifica. Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales, que, lavándose las manos, se desentienden y evaden Maldigo la poesía, de quien no toma partido, partido hasta mancharse”. Presidenta nacional del PRI |