| Como van las cosas, lo más probable es que nuevamente nos quedemos sin reforma energética o se apruebe una que sea insuficiente para obtener los recursos que se requieren para evitar una crisis energética en el país en el corto plazo. Todos coincidimos en que si no se aumentan drásticamente los recursos a Pemex en pocos años vamos a pasar de ser un país exportador a uno importador de petróleo. Nadie, sin embargo, entre los políticos y partidos, se atreve a plantear una solución de fondo. Decir que hay que despetrolizar las finanzas públicas, sin decir que hay que hacer una reforma fiscal de fondo, es simplemente no decir nada. Las diferentes propuestas que están sobre la mesa son falsas, exageradas o insuficientes para conseguir el volumen de recursos que se necesitan para proyectar a Pemex hacia el futuro. Es falso que con una reducción en los salarios y en los gastos de los altos mandos del gobierno y con el combate a la corrupción se puedan conseguir 200 mil millones de pesos anualmente, es falso que se puedan aumentar en forma considerable los recursos a Pemex sin afectar severamente el gasto en educación, salud, combate a la pobreza e inversión pública, y si bien es cierto que existen más de 200 mil millones de pesos de la paraestatal congelados por Hacienda, éstos no podrán utilizarse sin una reforma fiscal previa. Muchas de las cifras que se presentan para resolver el problema de falta de recursos a Pemex son fantasiosas, y lo único que logran es confundir más a la opinión pública en un tema de por sí difícil. El gobierno, por su lado, ha sido incapaz de explicar a la población qué se ha hecho con los recursos excedentes de los últimos años y de qué magnitud son los recursos que se necesitan para mantener la plataforma petrolera de exportación, lograr la autosuficiencia en gasolinas y desarrollar la petroquímica. Conforme se ha ido abriendo el debate sobre la reforma energética, cada día queda más claro que sólo hay dos alternativas: permitimos la inversión privada o aprobamos una reforma fiscal que le dé al gobierno tres puntos adicionales del PIB. Existe, por supuesto, una alternativa intermedia que permita la inversión privada en ciertos rubros —refinación y petroquímica básica— y mantenga el control total del Estado en la perforación y explotación del petróleo. Con los precios actuales y las perspectivas de futuro sería una tontería compartir con el capital privado, nacional o extranjero, esos beneficios; por lo que las reservas, la exploración y la explotación del ahora más que nunca oro negro deben quedar sólo en manos del Estado. No es lo mismo en el caso de la refinación y la petroquímica que son buenos negocios pero no comparables a los del petróleo. Estos rubros podrían abrirse al capital privado nacional, y de esta forma liberar recursos del Estado para invertir en el gran tesoro que representa el petróleo. Se requeriría una reforma fiscal complementaria a la aprobada el año pasado pero de una magnitud muy inferior a la que se necesitaría si no se acepta la inversión privada en refinación y petroquímica básica. La confrontación sobre Pemex ha llegado a tal nivel que en estos momentos cualquier propuesta que haga el gobierno se va a enfrentar a las descalificaciones y la cerrazón e intereses electorales de corto plazo de PRI y PRD, por lo que sería conveniente convocar a un grupo de expertos para que sean ellos, al margen de cualquier interés político, los que hagan el diagnóstico y la propuesta de reforma. El debate sobre la reforma energética lleva muchos años congelado y el “triunfo” ha sido para aquellos que defienden la cero tolerancia de inversión privada en Pemex, las consecuencias, sin embargo, de ese “triunfo”, son una empresa cada día más débil y sin inversión suficiente que ha puesto en riesgo la soberanía energética del país. Aquellos que en nombre de la soberanía se niegan a cualquier inversión privada en Pemex lo que van a provocar es una empresa estatal cada día más débil y un país cada día menos soberano en energéticos. demetriosodi@hotmail.com Analista político |