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    Camisas amarillas
Jorge Chabat
28 de febrero de 2008

A unos pocos días de cum-plirse 100 años de la publicación de la entrevista que le hiciera el periodista James Creelman al presidente Porfirio Díaz, la pregunta sobre la preparación del pueblo mexicano para la democracia sigue siendo vigente. Hoy por hoy, y después de varios cambios sustanciales en la vida política del país que nos han acercado a la democracia, se cierne una gran duda sobre la disposición de varios actores políticos para actuar dentro de las reglas de un sistema democrático.

Tal parece que, a pesar de todos los avances registrados, hay todavía una parte de la población y de la clase política que no sólo no está dispuesta a jugar con las reglas de la democracia sino que está impulsando de manera muy activa un proyecto autoritario y, en muchos sentidos, de un claro corte fascista. Esta afirmación podrá parecer a muchos exagerada pero no lo es.

Desde hace meses y más concretamente a raíz de la derrota del candidato del PRD a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador, se han fortalecido en torno a la figura del tabasqueño grupos de corte fascista que utilizan las tácticas de amedrentamiento que usaron en su tiempo las camisas pardas de Hitler o las camisas negras de Mussolini.

El ejemplo más evidente de esta tendencia lo vimos el domingo pasado cuando una horda de facinerosos, supuestamente perredistas, agredió al líder de los diputados del partido del sol azteca, Javier González Garza, y al líder de los senadores del mismo partido, Carlos Navarrete. Si bien sería conveniente una investigación para determinar quiénes fueron los autores de la agresión, todo apunta a que ésta fue organizada por uno de los líderes históricos del radicalismo perredista: René Bejarano.

Pero este hecho vergonzoso no es la única muestra de intolerancia y fascismo dentro del PRD. La violencia verbal de parte de AMLO así como del líder de las “camisas amarillas” del fascismo-perredismo, Gerardo Fernández Noroña, contra la diputada también perredista, Ruth Zavaleta, van en la misma dirección. También son muestra de esta tendencia la irrupción violenta en la Catedral Metropolitana por el mismo grupo y los acosos a los asistentes al acto del presidente Calderón en Palacio Nacional con motivo del primer Informe de Gobierno. En todos los casos la estrategia es la misma: la intimidación, la ofensa, la descalificación y algunos brotes de violencia física. En ese sentido, debo señalar que después de las elecciones de 2006 recibí varios correos electrónicos de personas que se decían seguidores de AMLO con planteamientos abiertamente antisemitas. No estoy diciendo que estas posiciones sean apoyadas por López Obrador y su círculo cercano, pero es evidente que el radicalismo verbal de éste ha generado un caldo de cultivo para dichas expresiones, francamente inaceptables en una democracia.

Si bien es cierto que las manifestaciones de intolerancia llevan ya tiempo de presentarse, parece que ahora sí rebasaron la línea de lo que es aceptable incluso para los propios perredistas. Los ataques del domingo pasado ya provocaron el deslinde de los elementos radicales del PRD. Tanto el propio López Obrador como Alejandro Encinas condenaron estos ataques. López Obrador incluso pidió respeto para sus compañeros de partido, a pesar de que él mismo se ha encargado de descalificar a los “moderados” e incluso ha amenazado con el surgimiento de la violencia si se “privatiza” Pemex, cualquier cosa que esto quiera decir.

Desde luego, llama la atención que estos deslindes no hayan aparecido cuando las agresiones se han dado contra no perredistas.

Ciertamente, las acciones recientes de las “camisas amarillas” contra miembros del propio PRD deben entenderse dentro de la lucha feroz que hay por la presidencia de ese partido. Y es obvio que los ataques del domingo reflejan la desesperación de los radicales del PRD, quienes están temerosos de perder el control de la franquicia del sol azteca. En ese sentido, es probable que estas acciones no ayuden a la causa que buscan defender, aunque habrá que ver cómo se reflejan en la votación para presidente de ese partido el próximo mes.

El PRD se encuentra ahora en una encrucijada: o decide seguir la vía institucional y democrática o se consolida como un partido con prácticas fascistas. Alguien dirá que el radicalismo es el sello de la verdadera izquierda. No lo es. Es el sello de los partidos socialistas… nacional-socialistas. Los perredistas deben ahora decidir qué tipo de partido quieren ser.

jorge.chabat@cide.edu

Analista político e investigador del CIDE

 
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PERFIL
 
Analista político y profesor de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde también es investigador. Sus líneas de estudio son democracia y derechos humanos, narcotráfico y seguridad nacional, así como política exterior de México.
 
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