| Una buena parte de las pugnas políticas que se han registrado a lo largo de la historia contemporánea tiene que ver con las rivalidades entre el liberalismo y el socialismo. Incluso, en México parece que seguimos atrapados en los antagonismos entre una y otra corriente de pensamiento. Al hacer mención de estos dos bastiones, en efecto, lo primero que uno se pone a pensar es en la pugna entre ellos: uno defiende las bondades del mercado, el otro la participación del Estado; el primero se basa en la competencia, el segundo en la cooperación; el liberalismo defiende la iniciativa individual, el socialismo abandera la cooperación social; uno es partidario de la propiedad privada, otro de la propiedad pública. En el lenguaje tradicional el liberalismo es considerado la ideología de la burguesía, en tanto que el socialismo es considerado como el ideario del proletariado. En sus versiones radicales, ciertamente, no hay punto de conciliación. Pensemos, simplemente, por un lado, en el manchesterismo y, por otro, en el marxismo. Sin embargo, debemos admitir que tanto en el liberalismo como en el socialismo existen versiones más moderadas que han querido establecer puentes entre ellos. A más de uno le parecerá absurda una mezcla entre ambos: ¿acaso puede haber una combinación estable entre uno y otro? Pues bien, aunque raros, efectivamente, ha habido intentos por conciliarlos. La conveniencia de tratar el tema me vino a la mente cuando hace unos pocos días un amigo, David Gaxiola, me envió un documento que yo había buscado durante mucho tiempo. Me refiero al escrito de Guido Calogero titulado Manifiesto del liberalsocialismo (1940). A pesar del tiempo transcurrido, es de una impresionante actualidad. Allí se lee: “Frente al conservadurismo que aparenta ser liberal y al extremismo social que no resuelve el problema de la libertad, nosotros afirmamos la voluntad de combatir por el único e indivisible ideal de la justicia y la libertad”. La propuesta del liberalsocialismo es superar, en relación con el ala izquierda, al comunismo; en referencia al ala derecha, dejar atrás al neoliberalismo que en realidad debería ser nombrado “paleoliberalismo”. El liberalsocialismo rechaza los extremismos de uno y otro bandos. Ni el colectivismo intransigente y dogmático, ni el individualismo egoísta e insensible. Se ha hablado de que esta fórmula que engarza al liberalismo y al socialismo ha sido la vía a través de la cual se renovaron muchos partidos socialdemócratas en el mundo y, en consecuencia, representa la explicación de por qué los partidos de izquierda regresaron al poder después de haber derrotado electoralmente a las opciones que enarbolaban al modelo encarnado en el liberalismo arcaico. Volteando los ojos a nuestro país observamos que durante mucho tiempo hemos estado enfrascados en una discusión bizantina entre el estatismo y el “mercatismo”, como si la historia se hubiese cerrado para otras opciones. Es aquí donde la izquierda pudiera aprovechar el momento para advertir que el estatismo del régimen de la Revolución no tiene forma de regresar a la escena pública, así como tampoco el liberalismo conservador tiene manera de presentarse como una opción de futuro. El asunto es reivindicar, al mismo tiempo, las libertades individuales y la justicia social fuera del populismo y el paternalismo. jfsantillan@itesm.mx Académico del ITESM-CCM |