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    ¡¿Aló, presidente?!
Jean Meyer
17 de febrero de 2008

Hugo Chávez, tres veces presidente democráticamente electo de Venezuela, megalómano, formidable payaso cuando lo estima necesario, prodigioso actor multifacético, creador de un “totalitarismo light”, según Teodoro Petkoff, el antiguo guerrillero y actual oposicionista de izquierda, no ha perdido su fama entre las clases populares de toda América Latina y entre… los radicales chics europeos.

Hay que tomar en serio ese personaje que combina la zarzuela con la tragedia. Yo tomé en serio el oficial de paracaidistas flaco y guapo cuando fracasó en una cruenta intentona golpista hace 16 años; escribí entonces en una revista francesa un artículo sobre los jóvenes oficiales ‘en colère’ (enojados) del Tercer Mundo, señalando que el desconocido Chávez bien podría ser un Naser o un Kadafi latinoamericano. Creo recordar que Jorge Castañeda y Bernard Kouchner pensaban lo mismo cuando escuchamos con cierta incredulidad apagarse el trueno de las armas en Centroamérica.

La semana pasada, José Vales, excelente corresponsal de EL UNIVERSAL en América del Sur, dijo que “la verborrea consume a Chávez. Los tropiezos políticos suyos se han multiplicado en las últimas semanas”. Un proverbio dice que el pez por la boca muere.

Sin embargo, cuando Hugo Chávez ganó por primera vez las elecciones presidenciales, en 1998, seis años después de su fracasado putsch, cuatro años apenas después de su salida de la cárcel, el embajador estadounidense en Caracas aconsejó a su gobierno: “Fíjense en lo que Chávez hace, no en lo que dice”, en el sentido de: “No se preocupen de sus discursos revolucionarios antiimperialistas; perro que ladra no muerde; no es Fidel Castro, sino sólo un bocón”. Sí y no, porque pudo haber dado el consejo contrario: “¡Cuidado! Este señor tiene una sola palabra y cumple lo que promete”.

Bufoneando, payaseando, ha subvertido por completo y remodelado a su antojo todas las instituciones del país, ha tomado bajo su control los sectores vitales de la economía, empezando por lo más importante, el petróleo. Eso sí, que parece darle la razón al embajador de aquel entonces, no ha dejado de vender ese producto estratégico, cuyo precio se fue al cielo, al Gran Satanás (así les siguen diciendo a Estados Unidos los buenos amigos iraníes de Hugo Chávez). Reescribió dos veces la Constitución y, si perdió hace poco —fue su primera y hasta ahora única derrota electoral— el referéndum para la tercera, la que habría hecho de él un presidente vitalicio, no se da por vencido y no hay que darlo por vencido: sinceramente convencido de que su proyecto de “construir el socialismo del siglo XXI” en Venezuela, para expandirlo luego a toda América, necesita tiempo, buscará el modo para quedarse en el poder, “mientras Dios le preste vida a Chávez”.

“Bufoneando, payaseando”, es lo que acaba usted de leer, estimada lectora, estimado lector; Hugo Chávez no es un bufón, ni un payaso. Su gran habilidad ha sido precisamente hacer creer a sus adversarios que eso es él, y mientras ellos se quedaban riendo y burlándose, Hugo Chávez les metía todos los goles.

A fines de 1991, los servicios de seguridad venezolanos advirtieron al presidente Andrés Pérez de que el joven teniente-coronel preparaba un cuartelazo: el secretario de la Defensa se rió, el Presidente se rió y el autor del informe alarmista recibió el consejo de someterse a un examen siquiátrico; unas semanas después ocurrió el golpe del que Andrés Pérez sobrevivió de pura chiripa.

Hoy, en las filas de la oposición venezolana, varios piden que el presidente Hugo Chávez sea sometido a un examen siquiátrico, porque según ellos sus últimas declaraciones son el fruto de una seria perturbación mental. La oposición, mejor dicho las oposiciones a Chávez, han manifestado por su parte, si no perturbación mental, por lo menos una gran ineptitud y han perdido todas las batallas, con la sola excepción de la más reciente, la del referéndum perdido por Chávez, quizá por la aparición de un nuevo actor colectivo: los estudiantes.

Pero ¿qué decir de los empresarios que intentaron hace años derrocar a Chávez por el camino de la asfixia económica y de la huelga general? Se ganaron la nacionalización de los hidrocarburos, en el momento preciso cuando el precio del petróleo empezaba su ascensión imparable.

En cuanto a los políticos, cometieron el error de buscar el cuartelazo en 2002, de tal manera que Hugo Chávez salió de la prueba como campeón de la democracia civil contra el retorno de los viejos gorilas latinoamericanos, y como campeón latinoamericano, el nuevo Fidel, el heredero de Castro, el portaestandarte de la resistencia al imperialismo yanqui. Insisto, Hugo Chávez ha ganado, con una sola excepción, todas las confrontaciones.

Acabo de ver en el admirable festival de documentales Ambulante (¡gracias, Gael García; gracias Diego Luna, por orden alfabético!), Cocalero, sobre Evo Morales en las semanas, los días, las horas anteriores a su elección (democráticamente limpias) a la presidencia.

Hugo Chávez está presente en el documental y no cabe duda que la llegada al poder de aquellos dos hombres, nos guste o no su ejercicio ulterior del poder, ha sido un momento de alegría en sus países respectivos, para muchos, por la novedad radicalmente nueva de tener un presidente que pertenece a la mayoría de los morenos, por primera vez en su historia. Chávez no es ningún demócrata, qué duda cabe; en el documental Cocalero, algunos de los partidarios de Evo Morales dicen que será necesario violar la regla de los sindicatos y ayuntamientos del MAS (dos mandatos sucesivos, nada más) para que “Evo se quede 45 años como Fidel, porque como Evo no hay dos, no hay quien lo sustituya”.

Pero las élites y las clases medias no deben olvidar las lecciones de esa historia: la corrupción, el descuido de los intereses nacionales y de las necesidades de las mayorías, llevan a la desmoralización, desesperanza, descrédito de las formas de la democracia política; preparan el camino para los demagogos y los césares que suelen utilizar la misma democracia para acabar con ella, democráticamente.

jean.meyer@cide.edu

Profesor investigador del CIDE

 
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PERFIL
 
Profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) donde, además, fundó y dirige la División de Historia. Es miembro de la Academia Mexicana de Historia desde 2000 y director de la revista de historia internacional ISTOR. Ha sido profesor-investigador en El Colegio de México, en París y en Perpiñan, así como en El Colegio de Michoacán.
 
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