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    Aprobación presidencial
Manuel Camacho Solís
11 de febrero de 2008

Aprobación presidencial EL UNIVERSAL publicó los resultados de la última encuesta de Jorge Buendía (Bimsa), sobre la aprobación presidencial. Los resultados dicen que, respecto a la última medición, la aprobación a Felipe Calderón se ha recuperado nueve puntos respecto a la caída del último semestre que registraron todos los encuestadores. ¿Por qué mejoró la aprobación, cuando la cuesta de enero ha sido gravosa y las expectativas de los inversionistas que mide el propio Banco de México se han deteriorado?

Encuentro tres hipótesis que pueden explicar ese resultado sorprendente. Una, la de un manejo de opinión pública concentrado en evitar que se le atribuya a Calderón la responsabilidad por hechos que ofenden a la sociedad. Dos, la del retraso en las percepciones ciudadanas sobre la situación económica. Tres, la del temor a una eventual crisis que aglutina a muchos en torno a la imagen del poder presidencial.

Respecto a la primera hipótesis: en los Pinos se miden sistemáticamente la opinión y hay una estrategia política para sostener la imagen presidencial, o para recuperarla cuando sufre caídas como las del último trimestre. La estrategia les ha funcionado: primero fueron los operativos del Ejército contra el narcotráfico. Después, la posposición de los aumentos a la gasolina. En forma permanente, buscar que el gran público asocie la imagen presidencial con hechos positivos y no con decisiones que lastimen a la sociedad. Aunque ese trabajo de mercadotecnia ayuda, no es suficiente para explicar una mejoría de nueve puntos, sobre todo cuando, en enero, se ha tenido que disminuir la publicidad presidencial que se intensificó al máximo a raíz de las inundaciones de Tabasco y Chiapas.

La segunda hipótesis es la del retraso en la afectación por la crisis y en su percepción por el gran público. Aunque los sectores más informados están ya convencidos de que habrá un deterioro en la economía, todavía pasarán varios meses para que ésta se sienta con mayor contundencia. Aunque el consumo empieza a deteriorarse, entre las rebajas de enero, las ventas a crédito y la administración de algunos precios de básicos, el impacto adverso pudo haberse mitigado temporalmente. Por otra parte, hay un retraso en la percepción auspiciada por el gobierno que, hasta hace unos días, negaba la posibilidad de un menor crecimiento.

La tercera hipótesis es que, ante el temor y la incertidumbre de una posible crisis económica, la sociedad acepta que se refuerce la autoridad. En la cultura política del país, la figura presidencial sigue teniendo un peso enorme. Una gran parte de la sociedad es conservadora y percibe que el orden al que aspira depende de la fortaleza del poder presidencial. Lo es más aún en una condición de deterioro prolongado, donde la mayoría está preocupada por proteger lo mucho o poco que tiene. Es precisamente la percepción de peligro la que puede contribuir, en un primer momento, a aumentar el apoyo a la figura presidencial.

Estas razones para explicar el ascenso en la aprobación presidencial son frágiles. Se debilitarán conforme avance el semestre y, sobre todo, si el gobierno equivoca sus próximos pasos. El manejo de la imagen presidencial tiene límites: por muy eficiente que sea el equipo profesional, llega un momento en que la manipulación de la opinión entra en rendimientos decrecientes, o incluso podría terminar siendo contraproducente. Por otra parte, la desaceleración económica es inevitable: terminará por modificar las expectativas de la población e infringirle un costo a la imagen presidencial. Pero sobre todo, el apego a la autoridad presidencial durará hasta que Calderón no cometa errores mayores, donde la población perciba que el Presidente abusa del poder. Esto es lo que podría cambiar rápidamente los porcentajes de aprobación.

El problema con las actuales cifras de aprobación no es su rigor técnico. Es que, su lectura lineal pueda llevar a una sobreestimación de poder efectivo con el que se cuenta. Que Calderón crea que puede hacer cualquier cosa, como privatizar Pemex, sin estar consciente de la fragilidad de sus apoyos y del tamaño de las resistencias sociales que provocaría.

Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista

 
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PERFIL
 
Ex diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue candidato presidencial en 2000 por el desaparecido Partido del Centro Democrático (fundado por él mismo).

En 1994 fue nombrado comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas. Durante el sexenio de Carlos Salinas, fungió como secretario de Relaciones Exteriores de diciembre de 1993 a enero de 1994. Asimismo, se desempeñó como jefe del Departamento del Distrito Federal.

 
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