| ¿Peligroso el Papa? Un lector y amigo virtual me escribe que su “talante choca con el de Ratzinger y eso desde hace más de 20 años”, varios editorialistas advierten “contra el proyecto de cristiandad de Ratzinger”, y el hecho de que digan “Ratzinger” en lugar de “Benedicto” ya es señal de desconfianza o rechazo, de la misma manera que se puede distinguir entre partidarios y enemigos de Fidel Castro, según lo llamen “Fidel” o “Castro”. El talante de nuestro amigo Bernardo Barranco choca también con el de un Papa que llama a veces Benedicto XVI, a veces Ratzinger que califica, correctamente, de “crítico despiadado de la modernidad”. Lamenta que no tenga “la estatura planetaria de su antecesor Juan Pablo II; se le percibe no sólo eurocéntrico, sino con poca disponibilidad intelectual para abrirse a otras realidades del universo católico”. La editorial Grijalbo publicó el año pasado un libro titulado Contra Ratzinger, escrito originalmente en italiano por un anónimo que analiza en forma crítica los fundamentos filosóficos e intelectuales del Herr doktor professor Joseph Ratzinger. El trabajo es serio y merece una seria lectura, no como muchos artículos que insisten en la supuesta naturaleza germánica del Panzerkardinal y no resisten en evocar cierto nazismo genético virtualmente presente en el Herr doktor; pensando en aquéllos, cité en alemán los títulos académicos del Papa actual que tiene una formación en teología, filosofía e historia más que sólida y nada que ver con Hitler y compañía. El 30 de noviembre de 2007, el Papa publicó la encíclica Spe Salvi (Salvados por la Esperanza). Recorté la prensa europea de diciembre, la de los países latinos, y lo que dice es: “Benedicto XVI vuelve al integrismo preconciliar en su segunda encíclica”; “La cruzada del Papa”; “El Papa arremete de nuevo contra la autonomía del ser humano”; “Todo cuanto no se subordine a los dictados de la Iglesia, incluido la democracia, es ilícito”. El filósofo Paolo Flores D’Arcais, director de la excelente revista MicroMega concluye su artículo con esa condena: “Con su ‘outing’ contra la ilustración y el autos-nomos democrático, el papa Ratzinger se postula explícitamente para el liderazgo mundial del fundamentalismo religioso, el no terrorista, obviamente” (El País, 17 de diciembre 2007). Menos mal que le conceda no ser el Osama Bin Laden del cristianismo… Juan José Tamayo, teólogo, con menos dureza, toma una distancia cristiana: “La encíclica es una meditación sobre la esperanza cristiana en diálogo con las distintas manifestaciones de la esperanza en la modernidad(...) hasta algunos de los más lúcidos pensadores de nuestro tiempo como los de la Escuela de Frankfurt y el escritor Dostoievski(…) No puedo compartir la afirmación de que ‘un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza’. Es un aforismo tan excluyente como el de ‘fuera de la Iglesia (católica) no hay salvación’. Los creyentes no se han caracterizado precisamente por ser testigos de esperanza y actores de utopías; han sido, más bien, los enterradores de las utopías históricas”. Este, sí, es un punto de vista interesante que abre la vía a la discusión. Curiosamente, los cristianos ortodoxos han recibido mejor la encíclica Spe Salvi y, en general, las declaraciones e iniciativas de Benedicto XVI, que muchos católicos. Así el teólogo J. F. Colosimo del Instituto San Sergio afirma que la segunda encíclica del Papa es “un estudio seguro, soberbio, irreprochable” que “contesta por fin al abismo metafísico que han cavado el fin del comunismo y el reflujo de los mesianismos ateos en cuanto al fenómeno de la creencia en el hombre contemporáneo”. Añade: “Escribo ‘por fin’ y tengo la tentación de añadir ‘quizá un poco tarde’, como fue el caso con las encíclicas sociales en el siglo XIX” (orthodoxie.com). Concluye que “esta encíclica es motivo de alegría por ser profundamente latina, lo que demuestra que el debate ecuménico no puede hacer abstracción de las identidades, historias, culturas”. Parece que los diversos autores citados no hablan del mismo texto, ni del mismo Papa. Las mismas condenas, las mismas aprobaciones, las mismas divergencias se habían manifestado unos meses antes cuando Benedicto XVI había publicado su famoso y breve “Summorum pontificum” a propósito de la posibilidad (facultativa) de celebrar la misa en latín, posibilidad saludada con alegría por… el patriarca de Moscú Alexei II, y denunciada por muchos católicos como el entierro del Concilio Vaticano II. Se hizo tanto ruido en los medios masivos de comunicación que muchos cristianos quedaron perturbados, sin tener, además, la posibilidad de leer el texto y la carta de acompañamiento escrita por el Papa. Cuando, en realidad, hace del Misal de 1962 en latín, aprobado por el Papa bueno, Juan XXIII, una forma “extraordinaria” de la liturgia y mantiene el uso del Misal de Pablo VI, el del Concilio, como “la forma normal de la liturgia eucarística”. De un detalle algunos quisieron hacer un punto central, cuando se trataba de una concesión en forma de tolerancia, de un gesto de conciliación hacia unos pocos tradicionalistas, y de ninguna manera de un regreso reaccionario a un pasado ya viejo de más de 50 años. Benedicto XVI es, por su vida anterior, un académico, universitario, intelectual. Muy preparado, tiene seguridad absoluta en su fe (tanto la del filósofo greco-cristiano como la del carbonero) y en el valor de la tradición, lo que gusta a los ortodoxos que reprochan a Roma desde el siglo XI y a los protestantes desde la Reforma su olvido de La Tradición. P.S. En este momento el ambiente en Chiapas es enrarecido, en especial en la Universidad de Ciencias y Artes que extraña a su ex rector Jesús Morales. Muchos profesores publicaron una carta abierta, bastante mesurada, al gobernador para manifestar su inquietud frente a una “renuncia” sorpresiva. Se teme ahora la desaparición del excelente centro de investigaciones, el Cemesca, cuyo director también renunció. Se trata de un centro reconocido dentro y fuera de México, el único posgrado de Chiapas en el Padrón de Calidad del Conacyt, con 10 investigadores en el SIN, una revista Liminar de alta calidad, un anuario con 17 entregas continuas. Un orgullo. jean.meyer@cide.edu Profesor investigador del CIDE |