| El capitalismo, a lo largo de su desarrollo, ha sufrido importantes cambios, y en cada uno ha impuesto variadas formas de explotación y deshumanización de las relaciones sociales. Hoy, bajo la globalización neoliberal, excluye a millones de hombres y mujeres en todas partes de los beneficios de la moderna revolución científica y tecnológica. Pero su devastación alcanza también a la población rica, al encadenarla a la posesión de bienes de consumo y de riqueza: la “cosificación” de la sociedad cobra proporciones desconocidas antes. La destrucción se ha consumado arriba y abajo de la sociedad, en los dominados y en los dominantes. Pero recordemos que el capitalismo ha mostrado siempre gran capacidad de supervivencia. Aquí aludimos al fin del modelo neoliberal, y tal rechazo revela que la mayor parte de la población de la Tierra es consciente de la crisis humana que ha causado el neoliberalismo, aunque debemos aclarar que las luchas sociales no se dirigen a un simple cambio de “modelo” económico, sino a una transformación de las condiciones de alienación y saqueo en que vive buena parte de la humanidad. La gran interrogante es saber si se lucha por el fin del modelo neoliberal o, más allá, por el fin del capitalismo, que son objetivos diferentes. Tal es uno de los dilemas principales a que se enfrentan los movimientos sociales antisistémicos de nuestro tiempo. Menciono algunos hechos que indicarían que el capitalismo ha tendido a ampliarse y a fortalecerse. Por un lado, el desmoronamiento del bloque socialista y su reconversión al capitalismo. Por otro, la virtual “conversión” al capitalismo de los países del Extremo Oriente y del sureste asiático que un día se ostentaban como socialistas. La cuestión está abierta al debate, pero ya habría demasiados signos de que estos países se han lanzado por el camino del desarrollo capitalista, guiados por partidos comunistas que aún conservan el poder pero que en un futuro no lejano se verán amenazados por los intereses privados que ellos mismos fortalecen. Fenómeno inédito en la historia: esos partidos comunistas actúan para fomentar las bases del desarrollo capitalista que está ya en gran medida en manos particulares, en los cuales comienza a prevalecer el interés privado sobre las necesidades sociales. El doble fenómeno también prueba el ensanchamiento geográfico del capitalismo, al tiempo que su fortalecimiento desencadena ya contradicciones de una intensidad nunca vista, agudizándose además la competencia industrial y mercantil internacional. Subrayamos además que en los países del “nuevo” capitalismo parecen descomunales ya sus contradicciones y destrucciones naturales y sociales. Resulta escandaloso el deterioro del medio ambiente y las condiciones laborales imperantes, especialmente respecto a las mujeres y a los niños. Ha sido colosal la demolición de los organismos de defensa de los trabajadores y de sus derechos, situación favorecida por la enorme reserva de fuerza de trabajo que hay desde luego en China. En la desenfrenada competencia mercantil internacional, la reserva de la fuerza de trabajo resulta esencial para la oferta a precios grandemente disminuidos. Esta visión, que pudiera parecer escéptica, se propone sin embargo ser realista respecto a la inmensa tarea que espera a quienes batallan por un mundo mejor y posible: formidable, inmensa y llevará tiempo, porque es ingenuo pensar en soluciones fáciles a corto plazo. ¿Cómo serán las luchas? Imposible decirlo; todo indica que en estos tiempos de pluralismo no es posible pensar en organizaciones centralizadas —sindicatos o partidos—, con un “pensamiento único” que fijaría inapelablemente rutas y metas. Hay grandes probabilidades de que estas luchas sigan un curso no rígidamente establecido, sino que respondan a la diversidad social que las soporta. La pluralidad es una gran fuerza potencial, pero también hay el peligro de la dispersión y falta de contundencia. Sin perder de vista que el fin de las luchas no es el de proporcionarle rostro humano a la globalización o al capitalismo, como a veces se ha dicho, sino precisamente trascenderlos. El camino parece concentrarse en el logro de una democracia cada vez más participativa y radical, con la expresión de los intereses comunitarios más diversos y de los movimientos sociales que luchan por el medio ambiente, los derechos humanos, la igualdad de los géneros, los homosexuales, la tercera edad o los más jóvenes. Es bueno que tales movimientos sean diversos tácticamente, pero estratégicamente deben ser coincidentes. Podría decirse que se trata de una especie de revolución permanente que persigue obstinadamente el mundo mejor que todos deseamos. Resumen de la ponencia presentada en el Foro Social Mundial, DF, en la mesa “Crisis civilizatoria y fin del neoliberalismo” Escritor y analista político |