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    Frontera y desarrollo
Rodolfo Echeverría Ruiz
1 de febrero de 2008

Nuestra frontera norte es una de las regiones más singulares del mundo. Hija de una historia trepidante y dolorosa es, hoy, una zona llena de posibilidades de mejoramiento económico y social. Su potencialidad supera a la de muchas otras partes del planeta. Separa y une al mismo tiempo a dos naciones que comparten, se quiera o no, una historia común. Herida, cicatriz o muñón: nuestra larguísima frontera con la más poderosa economía podría ir transformándose, de manera gradual y sistemática, en una comarca de riqueza creciente.

Movidos por esa idea los ejecutivos estatales de uno y del otro lado suelen reunirse con el propósito de analizar y discutir en torno de diversos problemas comunes. En Puerto Peñasco (septiembre, 2007) celebraron la XXV Conferencia de Gobernadores Fronterizos. Tocaron temas disímbolos como el del agua, la agricultura y la ganadería, la ciencia y la tecnología, la logística de cruces internacionales, el desarrollo económico, la energía, el medio ambiente y la salud, la seguridad fronteriza, el turismo, la vida silvestre…

En su declaración inicial “los gobernadores de la frontera México-Estados Unidos refrendan su propósito de construir una visión y un proyecto regional comunes capaces de impulsar el proceso de integración y potenciar el posicionamiento competitivo de la región binacional conjunta”.

Hablar acerca de una inmensa franja “binacional conjunta” podría suponer una aspiración interesante si en ambas partes de la vasta zona existieran entornos económicos similares, como sucede, por ejemplo, en el caso de Francia y Alemania. Es ostentosa la asimetría entre ambas regiones a lo largo de la única frontera física —dura, despiadada— existente entre el mundo opulento y el mundo pobre.

En México los salarios mínimos a duras penas llegan a 50 pesos diarios (57 centavos de dólar), mientras en Estados Unidos van de 5 a 7.50 dólares por hora. Nos dolemos ante la cantidad de compatriotas migrantes, pero no reparamos en lo obvio: durante los sexenios más recientes la “política de desarrollo” se ha fincado en una contención salarial generadora de trágicos desniveles entre los sueldos percibidos en Estados Unidos y los ganados en México. Con una disparidad de ingresos de tal magnitud no puede hablarse de “una región binacional conjunta”.

Sin embargo, la agenda, por otro lado, incluye aspectos descollantes como el relacionado con una logística común destinada a agilizar cruces fronterizos de bienes y de personas. Otro asunto destacable es el conectado con el fomento a la ciencia y a la tecnología, con especial énfasis en la de la información. Observemos también el propósito de impulsar a la frontera como zona de innovación tecnológica. La vertiente vinculada al desarrollo económico comprende rubros como las fuentes de energía renovable, la industria automovilística, el sector aeroespacial…

Llegaron a tocarse temas relacionados con transferencias electrónicas de dinero, lucha contra actividades ilícitas (blanqueo de capitales), fomento al turismo, preservación de la vida silvestre. Tan abultado cúmulo de buenas intenciones podría surgir del entusiasmo pasajero o de la euforia coyuntural. En semejante catálogo de objetivos los deseos sobrepasan con largueza las posibilidades de los proyectos específicos.

Nuestra frontera norte estaría llamada a erigirse en una de las zonas más prósperas del mundo si supiéramos hacer la tarea y concebir a sus principales ciudades y asentamientos como centros neurálgicos del empleo, la capacitación, el trabajo productivo. ¿Cuántas economías en el orbe quisieran disponer de unos cuantos metros de vecindad con el mercado más grande de la historia?

Analista político

 
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PERFIL
 
Ex presidente de la Fundación Colosio A.C. Fue diputado federal por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la LVIII Legislatura y secretario general del Comité Ejecutivo Nacional de dicho instituto político. Asimismo, fungió como embajador de México en España (1994-1998) y en Cuba (1982-1986). Fue subsecretario de Gobernación, subsecretario del Trabajo y director corporativo de Administración de Pemex.
 
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