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    Guerra al narco
Jorge Chabat
31 de enero de 2008

Guerra al narco Durante décadas se especuló que la “calma chicha” que reinaba en México en el tema del narco era o bien producto de algún tipo de arreglo entre el gobierno y las bandas de narcotraficantes o bien una decisión gubernamental de no combatir dichas bandas para no generar inestabilidad.

Algunas hipótesis más radicales sugieren que era el propio Estado el que organizaba el negocio del narco (y otros negocios criminales) y que, por ello, podía regular sin problema el comportamiento de sus manifestaciones. Sea cual haya sido la realidad, lo cierto es que, en efecto, los niveles de violencia del narcotráfico no fueron un asunto que pusiera en riesgo la gobernabilidad del país hasta 2005.

Lo que tuvimos hasta esa fecha fue la violencia que el narco necesitaba para funcionar como negocio. Finalmente, dado que el narcotráfico es un fenómeno ilegal, no puede acudir a los tribunales para dirimir sus diferencias internas. A diferencia de lo que ocurre con un negocio legítimo, en el cual si algún distribuidor no paga la mercancía que recibe del proveedor, este último pone una demanda judicial, en el narco quien no paga es asesinado. Así de simple. Y el que da información a la policía también es asesinado. Y el policía que recibe un soborno y no cumple con su parte del trato también es ejecutado.

No obstante, lo que vimos a partir de 2005 fue otro tipo de violencia. No fue la violencia funcional del negocio del narcotráfico. Fue una guerra entre cárteles, propiciada en buena medida por los desequilibrios que provocó la política de captura de capos del gobierno de Fox. Eso fue lo que generó la espiral de violencia que vimos en estos últimos años. Sin embargo, dicha violencia comenzó a descender desde mayo de 2007, probablemente como resultado de algún tipo de acuerdo entre el cártel de Sinaloa y el del Golfo. Pero este descenso que aparece con claridad tanto en cifras oficiales como no oficiales no ha sido registrado por buena parte de la opinión pública ni por todos los medios.

Es por ello que se sigue repitiendo la idea de que la violencia cada vez “está peor”. Incluso se mencionan las cifras de ejecutados para todo 2007, las cuales, en efecto, son mayores que las de 2006, pero esta apreciación no registra la curva descendente a partir de mayo.

En este contexto, en lo que va del mes de enero se ha repetido en muchos medios que la espiral de violencia continúa, porque se ha registrado un aumento en las muertes vinculadas al narco por los operativos del gobierno de Calderón en Tamaulipas, Baja California, Sinaloa y el Distrito Federal.

Sin embargo, sería un error suponer que esta violencia es una reedición de la guerra entre cárteles de 2005, 2006 y 2007. Lo que estamos viendo es otra cosa. Es una ofensiva del gobierno federal contra las estructuras de varios cárteles, no sólo contra los capos como fue el caso en el gobierno de Fox.

Esta ofensiva evidentemente está generando una respuesta violenta de parte del narco. Pero es una respuesta contra el gobierno. Lo que estamos viendo no es un enfrentamiento narco-narco, como ocurrió en los últimos años. Es un enfrentamiento narco-Estado con una intensidad que no se había presentado en el pasado. Y es por ello que la violencia se ha recrudecido y estamos viendo enfrentamientos como los que tenían Bonnie y Clyde, los cuales evidentemente han provocado una gran preocupación en la sociedad y ciertamente pueden generar un costo político alto para el gobierno de Calderón.

Dado este panorama, es factible esperar que esta nueva variante la violencia que estamos viendo vaya a continuar por algunos meses. En la medida en que el gobierno de Calderón siga atacando la estructura operativa de los cárteles de la droga, habrá respuestas violentas.

Sin embargo, la opción de no hacer nada, la opción del apaciguamiento con el narco ya no funciona, por una razón muy simple: el narco ya rebasó los límites de las épocas del PRI y se ha convertido en un factor de inestabilidad nacional.

Ciertamente la ofensiva de Calderón no acabará con este fenómeno, pero sí puede establecer nuevas fronteras para la actuación de los cárteles de la droga y tal vez provocar su atomización en el mediano plazo, como ocurrió en Colombia en los años 90. Ese sería un cambio importante en este fenómeno que ha estado presente en la vida nacional durante décadas.

Pero mientras eso pasa, seguramente en el corto plazo seguiremos viendo más enfrentamientos entre el gobierno y el crimen organizado. Para no aburrirnos.

jorge.chabat@cide.edu

Analista político e investigador del CIDE

 
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PERFIL
 
Analista político y profesor de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde también es investigador. Sus líneas de estudio son democracia y derechos humanos, narcotráfico y seguridad nacional, así como política exterior de México.
 
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