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    ¡Es 2008!
Manuel Camacho Solís
28 de enero de 2008

Con visión histórica, Lorenzo Meyer hizo una reflexión sobre el simbolismo de los años ocho en la historia nacional. Hoy, con esos antecedentes y por el análisis del conjunto de variables que están presentes en la vida nacional, se puede sostener que este ocho, de 2008, podría resultar un año de mayor intensidad política que 2009.

Lorenzo Meyer nos recuerda la trascendencia de los 8, en “El ocho”, Reforma, (01/24/07). Recapitula: 1808, año de la invasión napoleónica a España y del arranque de la Independencia. 1848, año de la consumación de la derrota frente a Estados Unidos que ocasionó la pérdida de la mitad del territorio nacional. 1908, año del magonismo, precursor de la Revolución. 1928, año del asesinato de Obregón y del inicio de la transición del caudillismo al autoritarismo institucional. 1938, el momento de la gran definición nacionalista que condujo exitosamente Lázaro Cárdenas. 1968, año del movimiento estudiantil que inicio la crisis del autoritarismo y que abriría la puerta a la violencia de los años setenta y a la primera liberalización del régimen político.

Para 2008, como ya está claro para la mayoría de los analistas serios, el entorno económico externo será adverso para la economía mundial y aún más difícil para la de México. Más allá de la declaratoria técnica de la recesión en Estados Unidos, ya se ha desplomado el valor de algunas de sus principales instituciones financieras, las bolsas lo han resentido y la reacción de la Reserva Federal y del Congreso han sido de una contundencia sólo explicable por la necesidad de actuar con determinación, con la esperanza de que sus intervenciones no hayan sido tardías.

La muy probable recesión, aunque no declarada, nos golpeará triple. Allá, ya está aumentando el desempleo de mexicanos y disminuyendo las remesas que envían a nuestro país. Acá, ya está impactando a las exportaciones de manufacturas, en especial a las del sector automotriz. Y la reducción en el crecimiento mundial podría, incluso, contribuir a la reducción del precio del petróleo, con el consecuente impacto negativo sobre la balanza de pagos y los ingresos fiscales.

La crisis está ya afectando a mexicanos que viven en Estados Unidos. Ya empezó a deteriorar las expectativas. Ha empezado a golpear a las empresas mexicanas y a los empleos. Repercutirá en el sistema financiero mexicano, con menos crédito. Y hasta ahora, la única respuesta, es retórica: decir que estamos mejor que Estados Unidos y que tenemos un proyecto serio, hasta que la realidad nos alcance y se pierda credibilidad.

En 2008 se empiezan a mezclar diversos ingredientes que tenderán a agitar la política nacional. Convergen: La necesidad de hacer frente a una mayor dificultad económica, con la acumulación de conflictos no resueltos y un muy alto nivel de violencia. La conveniencia de ampliar las coaliciones, con actitudes facciosas que llevan a la fragmentación. La desmesura de pretender ganar todo y de golpe, cuando eso no es posible, y en el intento se puede perder lo principal.

A diario se repite la faena. Funcionarios que no saben escuchar y que aprovechan cualquier oportunidad para provocar. Desplantes de prepotencia que, más que convencer, llevan a hacer el ridículo. Ansias de confrontación, cuando lo que urge son espacios de convivencia y respeto. Tentaciones hegemónicas, montadas desde posicionamientos minoritarios. Ganas de pelear, cuando es poco lo que se puede ganar y mucho lo que está en juego.

Para bien o para mal, los desenlaces de la política están más cerca de 2008 que de 2009. 2008 podría convertirse en un año que debilite la gobernabilidad y la estabilidad de la economía. Si prevalecen la falta de visión y la soberbia, 2008 podría ser un año más penoso que glorioso. El gran peligro está en que, ante la mayor dificultad, los ánimos políticos terminen dominados por la soberbia y el maximalismo. Antes de entrar al torbellino, convendría ser fríos en el análisis de las consecuencias y diestros para abrir, ya, los vertederos que permitan canalizar pacíficamente la inconformidad.

Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista

 
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PERFIL
 
Ex diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue candidato presidencial en 2000 por el desaparecido Partido del Centro Democrático (fundado por él mismo).

En 1994 fue nombrado comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas. Durante el sexenio de Carlos Salinas, fungió como secretario de Relaciones Exteriores de diciembre de 1993 a enero de 1994. Asimismo, se desempeñó como jefe del Departamento del Distrito Federal.

 
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