| Un libro interesante Los historiadores Rafael Dobado de la Complutense de Madrid, Aurora Gómez Galvarriato, investigadora del CIDE, y Graciela Márquez, investigadora del Colmex, han publicado en la colección de Lecturas del Trimestre Económico (No. 989, FCE) una muy buena compilación de artículos académicos sobre la evolución de las economías mexicana y española, con el título de México y España. Es un excelente ejercicio de historia comparada. El artículo final de la compilación se titula “Divergencia económica entre México y España”. Al inicio, los autores —Aurora Gómez Galvarriato y Sergio Silva Castañeda— señalan que si bien ha habido épocas en que las economías de México y España parecían converger, o por lo menos mantener una cierta distancia, en la actualidad el ingreso per cápita de las dos economías nunca ha estado tan distante. Así, mientras en 1950 el Producto Interno Bruto per cápita mexicano era equivalente a 108% del PIB per cápita español, en el año 2000, el mexicano fue equivalente sólo a 45% del de España. Ciertamente es una cifra sorprendentemente baja. ¿Por qué ocurrió eso? La respuesta incluye elementos de largo plazo. Entre éstos, del lado mexicano el primero es el demográfico, que si bien explica parte del crecimiento rápido mexicano entre 1930 y 1970, también ha implicado una pesada carga para la economía del país. Otros elementos que actuaron, frenando a la economía mexicana, fueron la mayor desigualdad económica general y regional existente en México, así como al terco rezago educativo, que el país no acaba de eliminar. Por la parte española esos factores fueron favorables al crecimiento del PIB per cápita. Sin embargo, a juicio de estos historiadores, la mayor responsabilidad del retraso mexicano se encuentra en el sostenimiento de algunas políticas de más corto plazo. Políticas en las que España logró avances importantes. Así, durante el desarrollo estabilizador, México mantuvo altas barreras arancelarias y una fuerte intervención en la economía. Intervenciones que, para esas fechas, la economía española ya había comenzado a retirar gradualmente. En los años 70, España lleva a cabo la transición a la democracia y con base a los acuerdos de la Moncloa se realizan varias reformas, entre ellas, una reforma fiscal seria, y ya en los 80 se logra una mejora efectiva de la distribución del ingreso. De ahí en adelante España se sigue modernizando y finalmente obtiene la membresía en la Comunidad Europea, lo que le acarrea numerosos beneficios. México, por el contrario, al encontrar petróleo, se va por el lado del gasto público excesivo financiado con deuda interna y externa. Se detienen las reformas política y fiscal. La estrategia de apoyar el desarrollo en el gasto público fracasa. Por tanto, en los 80 tampoco hay reforma fiscal, y el gasto público sufre una fuerte reducción. Además, en razón del fuerte servicio de la deuda externa, el salario real debe bajar, y aumenta el desempleo. Los niveles de miseria crecen. Asimismo, se revela una nueva estrategia de crecimiento basada en la privatización y la apertura. En contraste con España, en México las decisiones son del gobierno. En los 90: más privatización y el TLCAN. Éste, a diferencia del proceso de apertura español, fue un asunto comercial, sin ningún esquema de convergencia. El crecimiento no se acelera. Al final de la década, el PRI pierde las elecciones y el país entra a la democracia real. Sin embargo, el “bono democrático” no sirvió para realizar cambios, y la economía ha crecido muy poco del año 2000 a la fecha. En España sí se aprendió a dialogar con la población, y en México eso aún no pasa. Quizá esa sea la gran diferencia. Profesor e investigador del CIDE |