| Contrastes económicos El anuncio del presidente Bush de un programa que enfrente una recesión económica en Estados Unidos fue tomado por los mercados internacionales como una acción que poco beneficia a la economía de ese país. Independientemente de las reacciones inmediatas y ajustes de los mercados financieros, México requiere definiciones de fondo acerca del modelo económico más conveniente a sus necesidades y características. Alan Greespan, en su libro La era de la turbulencia, comenta que en Latinoamérica el populismo económico ha tenido desafortunadas consecuencias. La búsqueda de un modelo de desarrollo económico congruente con las necesidades sociales es una tarea que algunos países han alcanzado, no sin grandes esfuerzos y sacrificios. En el caso de México, el modelo económico ha enfrentando ajustes y modificaciones acordes no sólo a los tiempos y condiciones internacionales de los mercados, sino también al pensamiento económico dominante. En el presente año en nuestro país se celebrarán dos eventos de interés, por una parte el Foro Económico Social, encuentro de organizaciones sociales que en algunos casos buscan esquemas alternos y, en otros, antagónicamente, la tendencia globalizadora y liberal. El Foro Económico Mundial, que se reúne anualmente en Davos, Suiza, también celebrará un evento regional en México en el mes de abril. Ambos eventos brindan una oportunidad para conocer las posturas y propuestas de globalifóbicos y globalifílicos, que bien pueden ser bases de un acuerdo institucional de largo plazo, que defina el modelo económico que requerimos para progresar. De lograrlo, las decisiones sobre competitividad agrícola, exportación de mano de obra o apertura del sector energético a la inversión privada podrán lograr acuerdos con mayor rapidez. Actualmente hay un alto consenso en relación a la apertura comercial y reducción de intervención del gobierno federal en el comportamiento de los mercados, lo que ha sido provechoso para México. En principio, el postulado es real; el incremento de las exportaciones e importaciones, la inversión extranjera directa y las reservas internacionales del país así lo demuestran. El tema central es la reducción de la pobreza y el incremento del nivel de vida de la población, así como consolidar una clase media que transite de una forma de vida sustentada en un salario a una que permita acumular patrimonio de largo plazo. El debate llega al extremo de reflexionar acerca de la búsqueda de un modelo que reoriente los hábitos de consumo para reducir las aspiraciones materiales. Mientras los estadounidenses evalúan las alternativas económicas y electorales, en México tenemos la oportunidad de avanzar en el debate y precisión de temas fundamentales para el futuro económico de la nación. La situación de México no ha sido fácil; desde la crisis de 1994 se optó por un modelo de crecimiento moderado con estabilidad, aun insuficiente para las necesidades del país, y se estableció una base que durante casi 14 años ha generado un periodo de estabilidad que ha podido mantenerse durante las dos últimas transiciones presidenciales. La responsabilidad de la selección y aplicación de un modelo económico está supeditada primordialmente al manejo de las finanzas públicas, y a partir de estos instrumentos se construye el resto de ese modelo. Un modelo cuyas partes y responsables están fragmentados y en ocasiones confrontados. Por eso es oportuno reflexionar sobre la necesidad de establecer premisas y procesos para la especificación de un modelo económico de Estado, que, ajeno a las tendencias y tentaciones ideológicas y electorales, propicie que el país avance con bases sólidas en un proyecto sólido de desarrollo. Misterio político Sólo el que trae el costal sabe lo que va cargando. articulo@alemanvelasco.org Político, escritor y periodista |