| Con Barack Obama, dicen algunas notas de prensa, ha nacido una estrella. Sin duda, Obama es el personaje que ha centrado la atención en el inicio de las elecciones primarias de Estados Unidos. Es un afroestadounidense, de padre keniano y madre irlandesa nacida en Kansas, que vino al mundo en Honolulu, Hawai, en 1961. La primera vez que Obama brilló a nivel nacional fue en 2004, cuando conquistó su lugar en la Convención del Partido Demócrata con un discurso memorable, y después logró ganar su puesto en el Senado por el estado de Illinois. Antes de que iniciaran las elecciones primarias su posición estaba en un lejano segundo lugar, por detrás de Hillary Clinton. Sin embargo, ganó en Iowa y en New Hampshire quedó sólo tres puntos por debajo de Hillary, unos 7 mil votos menos, a pesar de que las encuestas lo daban por ganador. La dinámica de las primarias en EU suele parecerse a las bolas de nieve que crecen, eso es lo que ha conseguido por lo pronto Obama. Lo que no se sabe todavía es cuánto tiempo va a brillar su estrella, sobre todo ahora que vienen las competencias más difíciles, como la del 5 de febrero, conocida como el “supermartes”, porque habrá elecciones en más de 20 estados, entre ellos dos de los más importantes, Nueva York y California. Lo primero que resalta al escuchar a Obama es su extraordinaria capacidad para comunicarse; es un gran orador que suda carisma y eso para cualquier candidato es oro molido. Al parecer no se trata de otra historia como la del pastor Jesse Jackson, que también compitió y ganó algunas primarias hace años, sino de un momento distinto, porque Obama puede ganar la candidatura del Partido Demócrata. A Obama se le compara con la renovación de liderazgo que representó el presidente John F. Kennedy en 1960. Cuarenta años después del asesinato de Bobby Kennedy llega otro candidato carismático y demócrata a la competencia por la oficina oval de la Casa Blanca. En el desgastado mundo de la política electoral los nuevos liderazgos son como garbanzos de libra, se dan de forma rara, casi uno por generación. La aburrida vida bipartidista de EU no por la regularidad de sus procedimientos, sino por la complacencia de los arreglos de poder en Washington, en donde a veces cuesta distinguir las diferencias entre los dos partidos gobernantes, ha entrado a un momento de reajustes. Hay al menos tres factores que se pueden identificar como soporte en el arrastre inicial de Obama durante este frío mes de enero: uno de los grupos de votantes más notables por Barack son los jóvenes de menos de 30 años, que tradicionalmente han tenido comportamientos abstencionistas y son distantes del mundo de la política electoral; otra característica ha sido el apoyo del sector de los votantes “independientes”, que no están necesariamente identificados con ninguno de los dos grandes partidos, los cuales pueden ser de todas las edades, colores y ubicaciones socio-económicas; en tercer lugar está el mensaje de cambio que ha emitido Obama en un país urgido de cambiar de rumbo (The New York Times, 10/I/2008). Estos nuevos votantes parece que han roto la vieja inercia abstencionista de EU. La pelea entre los dos demócratas punteros será intensa. Después de Iowa, Hillary Clinton le señaló a Obama que “palabras no son acciones”, y en la segunda pelea la senadora por Nueva York puso en marcha toda la maquinaria, experiencia y recursos para remontar una situación adversa que la llevó al tercer lugar en la carrera inicial. Ahora vienen los retos más importantes para Obama, que juega como el externo del establishment de Washington. Eso significa que necesita ganar el apoyo de los principales centros neurálgicos del poder. Habrá que ver lo que sucede en las próximas contiendas de enero: Michigan, Nevada, Carolina del Sur y Florida, y el 5 de febrero, cuando votan los estados que deciden, como California y Nueva York. Consecuencias inmediatas de la contienda han sido el apoyo a Obama de John Kerry, ex candidato presidencial de 2004, y la decisión de Bill Richardson, gobernador de Nuevo México, de abandonar la contienda. Quizá las debilidades de Barack, en términos de lo que se conoce como un recién llegado a Washington, se puedan transformar en sus fortalezas. Si eso sucede, tal vez Obama sea el candidato adecuado en el momento correcto. Las primeras señales de la competencia interna así lo muestran. El clima político apunta por todos lados hacia un cambio de rumbo; lo han llamado de varias maneras, pero tanto los republicanos como los demócratas hablan de cambio. El cambio de un gobierno conservador que arrastra un gran desprestigio internacional y los fracasos de una costosa aventura en Irak. Internamente también el país atraviesa por una situación complicada de desempleo, crisis hipotecaria y la posible recesión que ya se ha sido anunciada por un grupo de economistas de The Wall Street Journal. La tarea es dejar atrás el crítico gobierno que encabeza Bush, y en ese clima Obama ha logrado posicionarse como un puntero creíble, que al mismo tiempo no tiene un mensaje polarizante. Para muchos estadounidenses la figura de Hillary es la otra cara de la moneda, y por ello se le ubica como parte de la polarización. La lógica de Obama ha sido proponer los cambios, pero sin polarizar. Sin duda, se trata de un complicado equilibrio. ¿Este nuevo liderazgo se traduce en una agenda de transformación para cambiar el rumbo del modelo republicano de los últimos siete años de política conservadora? En esta contienda, en la que los demócratas llevan la delantera por no ser el partido gobernante, habrá que preguntarse por las piezas que van a construir las siguientes etapas de la campaña. Parece que la agenda de cambios de Obama se ha empezado a generalizar como ejes de la campaña: salir de Irak; restaurar el liderazgo moral de EU en el mundo; dejar de usar el 11-S para conseguir votos; unir al país y enfrentar los retos urgentes del siglo XXI, es decir, terrorismo, armas nucleares, cambio climático, pobreza, genocidio, enfermedades. Estos son los temas importantes; lo distinto entre los candidatos será el tono, los matices, la credibilidad y la trayectoria de cada uno. Mientras tanto, la raza y el género serán los temas dominantes en la competencia demócrata. ¿Ha nacido una estrella? Investigador del CIESAS |