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    Una petición complicada
Editorial EL UNIVERSAL
15 de enero de 2008

Pese a todos los anuncios previos, los presidentes de México, Felipe Calderón Hinojosa, y de Venezuela, Hugo Chávez, sostuvieron el lunes una breve y “productiva” reunión en Guatemala, tras la asunción del nuevo mandatario Álvaro Colom.

Según reportes, la entrevista giró sobre dos puntos: la situación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y temas petroleros. La más urgente y tal vez más complicada sea la petición del venezolano para que México apoye su propuesta de que las FARC sean reconocidas como “parte beligerante”, tal como en su momento Francia y México lo sugirieran para el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Pero la solicitud del lunes pone al mandatario y la diplomacia mexicana en una situación cuando menos complicada.

El gobierno del colombiano Álvaro Uribe podría ser considerado como el aliado más firme de México en la región, al menos porque comparte el problema del narcotráfico hacia Estados Unidos y las ganancias ilegales que eso produce. Calderón y Uribe se reunieron también.

De hecho, es tanto más complicado porque tanto el régimen de Uribe como el gobierno de Estados Unidos —un socio esencial de México— insisten en afirmar que las FARC están vinculadas con el narcotráfico.

Existe además el antecedente de que las FARC tuvieron durante los 90 una oficina de representación en México que fue gradualmente reducida hasta cerrarla por los gobiernos de los presidentes Ernesto Zedillo y Vicente Fox. En su tiempo, algunos diplomáticos mexicanos consideraron esa medida como un error porque implicaba cerrar posibilidades de diálogo.

Asimismo, gobiernos europeos consideran a las FARC como “terroristas” y, de hecho, elementos de ese grupo secuestraron a seis personas apenas cuatro días después de que el presidente Chávez demandara su reconocimiento como partes beligerantes pero pidiera al grupo que no realizara más secuestros.

Bajo esas circunstancias habría que subrayar la importancia de la reunión de Calderón con Chávez, en lo que algunos diplomáticos quisieran pensar como una “apertura al sur” y otros como el establecimiento de un diálogo que ayude a contener la impetuosidad del venezolano.

La verdad, sin embargo, es que la petición del presidente Chávez es un “paquete” complicado tanto por sus condiciones como por sus posibles repercusiones.

Sería bueno recordar por un lado que la guerra civil en Colombia lleva más de cincuenta años, que un proceso de pacificación no es una tarea simple y no puede lograrse si las partes no están interesadas en diálogos y negociaciones políticas que ayuden a resolver problemas.

Sería importante pensar también en la importancia que Venezuela ha asumido en la región y, ciertamente, en el impacto que respaldar tal reconocimiento tendría sobre el conjunto de relaciones de México con el mundo.

Así, en una reunión de apenas 15 minutos Chávez puso a Calderón y su gobierno en una situación harto complicada, aun sin considerar las repercusiones que pueda tener también en cuanto la política interna de México.

 
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