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    Aristegui, ¿qué sigue?
Manuel Camacho Solís
14 de enero de 2008

Carmen Aristegui es hoy más fuerte que antes de su exclusión. Frente a ese hecho, el gobierno, los concesionarios y ella misma tendrán que tomar pronto sus decisiones. ¿Qué sigue?

Con Aristegui, los intereses han hecho un mal negocio. Cuando su rating era el más alto, la quitan; y en ese momento, aumentan aún más su valor. La política oficial ha hecho algo peor: al auspiciar la expulsión, o al dejarla correr sin medir sus consecuencias, ha lastimado la libertad de expresión, debilitado la democracia y lanzado un búmeran que regresará con mayor fuerza contra las bases de gobernabilidad.

¿Cómo explicar semejante torpeza y qué hacer para remediarla?

Por lo que toca al negocio, Televisa querrá reponer sus pérdidas inmediatas, con otros negocios y concesiones públicas en el futuro. Su cálculo será el de hacer un servicio al gobierno y quitarse un elemento que les irrita, a cambio de ingresos futuros. Aún así, le pega a su credibilidad. Para el grupo que edita El País, el costo puede ser mayor. ¿Cuánto pierde un gran diario, si se percibe que intercambia independencia por concesiones a futuro?

Por lo que toca al gobierno, éste se ha cerrado —o permitido que se cierre— una válvula de escape de la inconformidad. Ha apagado uno de sus radares para detectar peligros. Ha convertido a una admirable periodista en una heroína de la libertad de expresión. El gobierno ha lanzado un búmeran, o por lo menos no ha hecho nada para contrarrestar el mensaje autoritario. ¿Por qué Felipe Calderón no se ha pronunciado después del acontecimiento?

No hay duda de que Carmen Aristegui pisó muchos callos. Pisó los de la casa y los de otros poderes reales, a veces incluso sin darse una tregua. En su afán de servir a la verdad y de abrir una ventana de libertad, no midió el tamaño de reacción que su propio éxito profesional estaba generando. Si, ¿pero lo hizo faltando a la verdad? ¿O lo hizo, sin rigor profesional, cuando además de sus propias investigaciones, contó con el apoyo de la mejor barra de opinión del país?

Después de unos días, los involucrados deben hacer un balance. Televisa está jugando con las viejas reglas, ¿pero en verdad cree que con una conciencia crítica en ascenso puede debilitar su credibilidad, sin hacerse más vulnerable en el futuro? Prisa tendrá que reconocer que ha dejado un tiradero y lastimado el prestigio que ante el centro izquierda ha tenido El País.

Felipe Calderón debe medir las consecuencias de sus corrimientos autoritarios. Se sabe que en Los Pinos la línea crítica del espacio de Carmen Aristegui les resultaba en extremo incómoda; quizá por ser más liberal que radical, y por lo tanto impactar horizontalmente en la sociedad. Pero para eso se es profesional de la política: para saber resistir la crítica, con tal de mejorar la gobernabilidad.

La libertad de expresión es un valor, pero también un recurso de gran utilidad a la estabilidad de largo plazo. Donde hay libertad de expresión, el gobierno puede corregir los males mayores. Al grado de que, con un ejemplo paradigmático, se puede sostener que si en Rusia hubiera habido prensa libre, difícilmente habría prosperado la revolución.

En las condiciones actuales de México, con independencia de las posiciones partidistas que se sostengan, cerrar las válvulas que permiten desfogar la inconformidad, aumentará la polarización. Con visión de mediano plazo, al propio régimen le conviene que Aristegui recupere pronto un espacio equivalente.

Carmen Aristegui también tendrá que hacer su balance. Su enorme prestigio está fuera de duda. Su liderazgo de opinión, con su inteligencia y hermosa sonrisa, también. Pero después de lo acontecido, se le abre una encrucijada: ser heroína, o seguir siendo una periodista de carne y hueso. Los héroes y las luchas testimoniales son muy respetables, pero hoy le ayudan menos a la gente y a México. Yo pienso que, mientras sea posible, le sirve mejor a la sociedad, como la magnífica periodista que es.

Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista

 
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PERFIL
 
Ex diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue candidato presidencial en 2000 por el desaparecido Partido del Centro Democrático (fundado por él mismo).

En 1994 fue nombrado comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas. Durante el sexenio de Carlos Salinas, fungió como secretario de Relaciones Exteriores de diciembre de 1993 a enero de 1994. Asimismo, se desempeñó como jefe del Departamento del Distrito Federal.

 
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