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    Comercio injusto
Ramón Cota Meza
8 de enero de 2008

Comercio injusto La apertura total a la importación de maíz y otros productos agrícolas y agropecuarios de cuyo cultivo dependen muchas familias ha renovado la resistencia nacional a las prácticas comerciales favorables a Estados Unidos y altamente nocivas para los productores nacionales. Uno se pregunta por qué el gobierno mexicano no se ha unido a Canadá, Brasil, Argentina y Guatemala, que han establecido un panel de resolución de controversia del mismo punto en la Organización Mundial del Comercio desde hace un año.

El punto en cuestión son los subsidios del gobierno de Estados Unidos a los productores de maíz, que en los últimos tres años han promediado 9 mil millones de dólares anuales, suma que se multiplicará los próximos cinco años por el programa de apoyo a la agricultura por 286 mil millones de dólares iniciado este año, a pesar del aumento superior a 100% de los precios de productos agrícolas los últimos tres años. Canadá denuncia que los subsidios de EU a la producción agrícola en general exceden más de 19 mil millones de dólares anuales lo permitido.

La permanencia y aumento constante de los subsidios a la producción agrícola en Estados Unidos son en sí mismos una refutación rotunda a la filosofía de libre competencia que el gobierno de ese país proclama e impone a sus propios socios comerciales. Es impresionante que el gobierno mexicano, después de eliminar los precios de garantía al maíz a partir de 1991 y adelantar la eliminación de barreras arancelarias desde 1996, permanezca impávido ante esta situación de dominación comercial plena.

Como se recuerda, el gobierno mexicano, impelido por la crisis financiera de 1994, adelantó el calendario de desgravación a la importación de productos agrícolas, aumentando los “cupos” a partir de 1996. Como resultado, el precio del maíz cayó 48% y más de un millón de campesinos abandonaron el campo en sólo cuatro años. El aumento espectacular de la migración a Estados Unidos está directamente relacionado con estos cambios de política agrícola.

El aumento de la migración compensó la descapitalización del campo mexicano al aumentar las remesas, pero terminó por provocar una reacción desmesurada de la sociedad y todos los niveles de gobierno de Estados Unidos, reacción que ahora amenaza la estabilidad de México. Ni qué decir tiene, la apertura total a la importación de productos agrícolas básicos aumenta el potencial de inestabilidad a niveles aptos para la subversión demagógica.

Hasta aquí hemos procurado mantener nuestro razonamiento en el plano estrictamente comercial, pero hay otro plano a considerar: la protección de la producción agrícola se justifica por imperativos de seguridad alimentaria y ocupación territorial, es decir, por razones de Estado. Los estados nacionales han protegido históricamente su propia producción de alimentos para no estar a merced de la escasez provocada por factores externos (guerras, fenómenos naturales y demográficos, guerras comerciales).

Son estos factores los que subyacen a la férrea política de los países desarrollados de subsidiar la producción agrícola contra su propia filosofía comercial. Si Estados Unidos y la Unión Europea suprimieran los subsidios a la agricultura, sus campos agrícolas serían abandonados e inmediatamente ocupados por campesinos hambrientos del tercer mundo. Las imágenes de vacas pastando en la ubérrima campiña suiza y la abundancia proclamada por los graneros estadounidenses son estereotipos de identidad nacional subsidiados por el Estado.

Sólo los encandilados por el poder económico son capaces de tragarse el cuento del libre comercio agrícola. A duras penas, el secretario de Agricultura mexicano llama al Congreso a reunirse para renegociar el capítulo agrícola del TLC en los términos del tratado. Así sea. Pero la relación de fuerzas involucra a países no signatarios del tratado, los cuales tienen una demanda contra Estados Unidos en la OMC. Por tanto, hay que hacer ambas cosas: renegociar el TLC y demandar a Estados Unidos en la OMC.

El factor clave de la resistencia es Canadá, socio desatendido de México en el TLC. Canadá es hoy el principal contrapeso de la política agrícola comercial de Estados Unidos. Su posición está documentada en Bridges Weekly: www.istcd.gov.org/weekly.

blascota@prodigy.net.mx

Analista político

 
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PERFIL
 
Analista político. Colabora en EL UNIVERSAL y en la revista Letras Libres. Asimismo, es copyeditor en inglés y español, traductor y guionista de televisión.
 
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