| Iniciamos el año con la plena vigencia del capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio para América del Norte, el TLCAN. Esto significa la apertura total de las fronteras mexicanas a productos como frijol, maíz, leche y azúcar, que ahora ingresarán a nuestro mercado sin ningún tipo de arancel o sin ser limitados por cupos de importación. Es una situación difícil porque, aunque coincido en la necesidad de avanzar en el ámbito comercial, no podemos hacerlo dejando atrás a millones de campesinos, la mayoría productores de subsistencia, que no podrán enfrentar en términos favorables la competencia con nuestros socios comerciales. La preocupación es legítima y tiene fundamentos reales, pues los apoyos que reciben los productores mexicanos son 10 veces menores a los que canaliza el gobierno estadounidense a los suyos. Las autoridades federales afirman que nuestro país no cuenta con los recursos suficientes para destinar montos similares, y que en este sentido nunca podríamos equipararnos con la nación más poderosa del planeta; sin embargo, en los términos actuales y hay que decirlo con toda claridad, la competencia es inequitativa y desleal, y no podemos quedarnos con los brazos cruzados. Es urgente diseñar estrategias que permitan un desarrollo equilibrado y sustentable del campo, en las cuales el eje central sean los productores y sus necesidades. Junto con más subsidios, se debe apoyar la transformación y comercialización de nuestros cultivos básicos, promoviendo la tecnificación del riego y, en general, la modernización de los sistemas de producción para alcanzar una mayor productividad, que se traduciría en mayores ingresos para la población rural. Actualmente, por ejemplo, en el caso de las cosechas de frijol, EU tiene un rendimiento promedio de mil 800 kilogramos por hectárea de temporal, mientras que en Zacatecas, el principal productor nacional, llega a 600 kilogramos. Esta diferencia no se debe al empeño de los campesinos, desde luego, sino a la tecnología que allá aplican; es decir, se debe a una falta de políticas públicas para fomentar el desarrollo del campo. Estamos enfrentando las consecuencias de haber privilegiado al libre comercio en el sector agropecuario por encima de la soberanía alimentaria. Algunos efectos de esta elección los padecimos a principios del año pasado, cuando la especulación duplicó el precio del kilogramo de tortilla, y los industriales del ramo ya han anunciado un nuevo incremento que puede llegar a 30% en este 2008. Nuestro reto como país es que propongamos a EU y a Canadá una relación mutuamente beneficiosa para que el agro compita en igualdad de condiciones y evitemos el avasallamiento de nuestros productores. No podemos obviar el tema, tratándose de un asunto que afecta a tantos millones de personas, la gran mayoría viviendo en condiciones de pobreza. Estamos hablando de mexicanos y mexicanas para quienes su tierra y sus cultivos significan todas sus posibilidades de subsistencia; no cuentan con patrimonio ni con otra forma de allegarse recursos. Imaginemos lo que ocurrirá si ya no venden el maíz que antes les permitía complementar su ingreso. ¿Qué opciones tendrían? Sin nada que perder, no dudo que recurrirían a la migración. En la Comisión de Desarrollo Regional de la Conago hemos insistido en la necesidad de gestionar y destinar fondos especiales dirigidos a las zonas de más alta marginación en nuestro país para financiar proyectos viables que permitan el arraigo y el desarrollo de las regiones atrasadas; así como la pertinencia de elaborar presupuestos multianuales para obras de gran impacto regional que detonen el desarrollo en esas áreas. Todas estas y otras más son acciones urgentes que podrían realizarse en el marco de un gran pacto nacional para garantizar la viabilidad del campo mexicano que involucre a los diferentes actores políticos, sociales y económicos del país. Sólo con una visión común, que procure no sólo la supervivencia del agro mexicano, sino una mejoría en las condiciones de vida de la sociedad rural podremos detonar el crecimiento en esta área estratégica para la vida nacional. Gobernadora de Zacatecas |