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    Experimento neoliberal
José Luis Calva
2 de enero de 2008

En diciembre de 2007, la economía mexicana cumplió un cuarto de siglo de haber sido convertida en un enorme laboratorio de experimentación neoliberal, de manera que la tecnocracia gobernante ha dispuesto de tiempo suficiente para poner a prueba las bondades y los costos de su modelo económico, basado en el decálogo de “reformas estructurales” y “disciplinas macroeconómicas” recomendadas por los organismos financieros internacionales al mundo en desarrollo, que John Williamson sintetizó en el Consenso de Washington.

En perspectiva histórica, la reforma económica neoliberal —realizada con singular perseverancia por la tecnocracia que arribó al poder con Miguel de la Madrid y que ha dirigido desde entonces la política económica de México— representó un viraje radical respecto de la estrategia económica sobre la cual se había fincado el desarrollo económico nacional durante los 50 años previos.

Desde los años 30, y sobre todo a partir del gobierno del presidente Cárdenas, el desarrollo mexicano se había sustentado en una economía de mercado con un relevante (pero prudente, excepto a partir de los años 70) intervencionismo del Estado como rector y promotor activo del desarrollo económico, como regulador del comercio exterior y de los mercados internos de bienes y servicios básicos, como inversionista en áreas estratégicas y como promotor del bienestar social mediante leyes laborales y agrarias e instituciones sociales de educación, salud y servicios básicos.

La ideología económica y social de la Revolución Mexicana, plasmada en el contrato social de 1917, había asignado al Estado estas funciones desechando la ideología liberal del laissez-faire, laissez-passer.

Bajo este modelo económico, el Producto Interno Bruto (PIB) de México se incrementó 15.9 veces (1,592.7%) durante el periodo 1935-1982, al crecer a una tasa media de 6.1% anual, lo cual implicó un incremento de 348% en el PIB per cápita, que creció a una tasa media de 3.2% anual; la Inversión Fija Bruta (IFB) creció a una tasa media de 8.3% anual, lo que significó un incremento de la IFB per cápita a una tasa media de 6% anual; y el poder adquisitivo de los salarios mínimos se incrementó 96.9%.

Ciertamente, durante el último tramo del modelo económico de la Revolución Mexicana —bajo los gobiernos de LEA y JLP— la prudencia que había caracterizado las intervenciones gubernamentales cedió su lugar a severas fallas de manejo macroeconómico (principalmente consistentes en una política cambiaria sobrevaluatoria de nuestra moneda y en un manejo imprudencial de la política de ingreso-gasto público), que desembocaron en la crisis de la deuda.

La tecnocracia neoliberal arribó al poder en estas condiciones; pero en vez de rectificar prudentemente los errores de manejo macroeconómico —fiscal y cambiario—, mantenido incólumes los principios de la Revolución Mexicana, optó por un viraje de 180 grados.

La idea-fuerza que había servido de fundamento al modelo económico precedente, según la cual la industrialización tardía exigía una amplia intervención del Estado, regulando el comercio exterior y promoviendo activamente el desarrollo del aparato productivo, fue descalificada y reemplazada por la “visión moderna”, según la cual la liberalización y la reducción de la presencia del Estado en la economía permitirían una asignación más eficiente de los recursos productivos y el logro de mayores tasas de crecimiento económico.

Sin embargo, después de un cuarto de siglo de experimentación neoliberal en México, con más mercado y menos Estado, la tierra prometida resultó ser un espejismo.

Bajo este modelo económico, el PIB sólo se incrementó 0.83 veces (83.4%), al crecer a una tasa media de 2.5% anual durante el periodo 1983-2007, de modo que el PIB per cápita presentó un crecimiento acumulado de apenas 21.4%, a una tasa media de 0.78% anual; la IFB se incrementó a una tasa media de 2.9% anual, de manera que la IFB per cápita sólo creció a una tasa media de 1.2% anual; y los salarios mínimos perdieron 70.2% de su poder de compra.

Como en cualquier otro experimento, los resultados empíricos deberían ser asumidos como criterio de la verdad. En consecuencia, habría que poner punto final al experimento neoliberal y pasar a una nueva estrategia económica.

Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM

 
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PERFIL
 
Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM. Especialista en economía agrícola y desarrollo rural, fue distinguido con el Premio Nacional de Periodismo en 1999, por artículo de fondo publicado en EL UNIVERSAL, donde colabora desde mayo de 1995. Ha impartido numerosos cursos en universidades de México y el extranjero y participado como ponente en más de 200 seminarios y congresos científicos. Entre sus logros se cuentan también el Premio en Investigación Económica "Maestro Jesús Silva Herzog" 1999, el Premio Universidad Nacional 2001 en ese mismo ramo y el Primer Premio Nacional de Periodismo en Análisis Económico 2001, otorgado por el Club de Periodistas de México, A.C.
 
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