| El año que inicia registrará eventos de suma importancia para el mundo entero como, por ejemplo, las elecciones en Estados Unidos programadas para el 4 de noviembre y los Juegos Olímpicos a celebrarse en China en agosto. De la misma manera, habrá que estar pendientes de lo que suceda con la guerra de Irak y el destino que correrá el problema paquistaní luego del reciente asesinato de la líder opositora Benazir Bhutto, que produjo ya un sacudón en los mercados internacionales. Igualmente, habremos de tomar en cuenta la línea que seguirán mandatarios recién ascendidos al poder como Nicolas Sarkozy en Francia y Cristina Fernández en Argentina. Otro personaje que acaba de llegar al mando pero en este caso de las Naciones Unidas es Ban Ki-moon quien propuso, en el número especial de la revista The Economist titulado The World in 2008, una agenda global basada en tres prioridades. A saber: 1) justicia y derechos humanos, tomando como motivo el sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que celebraremos, precisamente, este año; 2) paz y seguridad internacionales; 3) el problema del efecto invernadero. Al señor Ban le interesa poner de relieve, como ejemplo del primer tema, el drama de Darfur, localidad africana de la que han sido desplazados 2 millones y medio de seres humanos debido a la degradación ecológica y la pobreza. Para hacer frente a este fenómeno, la ONU enviará 26 mil cascos azules con el propósito de realizar actividades humanitarias. Por lo que respecta al segundo apartado, a este diplomático coreano le interesa poner de relieve la globalización, fenómeno que ha traído consigo un aumento general de la riqueza. Sin embargo, ese crecimiento no ha sido parejo: ha producido una mayor disparidad entre ricos y pobres. Entre los asuntos por resolver está la muerte, medida en términos anuales, de 10 millones de niños que tiene como causa enfermedades curables como la malaria. Uno de los puntos sustanciales para revertir las desigualdades, de acuerdo con la perspectiva de Ban Ki-moon, consiste en que las naciones ricas cumplan sus promesas de ayuda para los países menos desarrollados. Asegurar un futuro mejor para la humanidad significa levantar el trato discriminatorio en el comercio y las finanzas. Este deberá ser el asunto central en las negociaciones que se llevarán a cabo en la ronda de Doha, Japón, este año. Por último, pero no menos importante, está el reto del cambio climático que, como bien dijo el comité del Premio Nobel, se ha convertido en “la cuestión definitoria de nuestra época”. En esto hay una tremenda ironía: los países pobres son los que menos ha contribuido al agravamiento del problema, pero son los que han sufrido las peores consecuencias. No puede haber solución que ignore esta realidad. Para hacer frente a estos retos Ban Ki-moon propone una directriz que llama, con cierta ironía, “pragmatismo basado en principios”. Vale decir que la ONU deje de ser un “club de debates” para asumir, en cambio, un papel más activo ante los grandes problemas que enfrenta la comunidad internacional. Darle capacidad ejecutiva a la ONU es un punto sustancial para lograr una paz internacional justa. jfsantillan@itesm.mx Académico del ITESM-CCM |