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    Ingeniería redescubierta
Manuel Camacho Solís
24 de diciembre de 2007

La atención a las inundaciones de Tabasco ha resultado muy rentable para el Presidente. Con sus continuas visitas y la publicidad que las acompaña, ha logrado frenar la caída en su popularidad provocada por los escasos resultados de sus programas y por el deterioro en las expectativas económicas. Como parte de ello, el anuncio de la terminación de las obras en San Juan Grijalva recibió la mayor atención de los medios. Ojalá que ese interés momentáneo perdurara y sirviera para una reflexión más profunda sobre lo que está ocurriendo.

Como en otros momentos, los ingenieros Guillermo Guerrero Villalobos y Fernando González Villarreal, entre otros, demostraron su capacidad profesional y pusieron en alto a la ingeniería mexicana. Las obras de emergencia que llevaron a cabo para reabrir el curso del río Grijalva, en Chiapas, merecen el reconocimiento de la opinión pública. Gracias a la tarea que realizaron los ingenieros y las empresas mexicanas se pudo quitar a tiempo el tapón que se creó con el deslave de una montaña y que significaba un riesgo considerable para miles de familias en el sureste.

Sólo ante la catástrofe, el gobierno redescubrió a los ingenieros. En su olvido está una parte de la explicación de los fracasos de las últimas décadas y en su recuperación una de las llaves para salir del atolladero en el que se encuentra nuestro país. No es exagerado decir que el auge del crecimiento mexicano estuvo asociado al desarrollo de la ingeniería y que la falta de crecimiento provocó su abandono y la posterior dificultad para hacer sostenible la recuperación.

El largo periodo de crecimiento que tuvo México no sería concebible sin el papel de los ingenieros (caminos, presas, desarrollo de las ciudades y la industria, electricidad y petróleo). Para lograr esos resultados fue determinante el papel de las universidades, el gobierno y las empresas de la construcción. La contribución de las universidades, de la UNAM, el IPN, el ITESM. El desarrollo de los cuadros profesionales en el gobierno (Obras Públicas y Recursos Hidráulicos) y en los organismos descentralizados (Pemex y CFE). La unificación de esfuerzos para la formación de recursos humanos, el desarrollo institucional y la creación de las empresas, permitieron la construcción de la infraestructura, la expansión de la generación de electricidad y el desarrollo petrolero e industrial. Los ingenieros diseñaban y realizaban. Estaban pendientes de la operación. Medían su desempeño en función de los resultados obtenidos.

Estos avances se fueron diluyendo con las crisis de la economía, la apertura indiscriminada, el abandono de las instituciones públicas, los menores presupuestos y una visión del desarrollo concentrada en privatizar, disminuir la presencia pública, abandonar la operación. El discurso neoliberal sirvió para justificar el abandono de la responsabilidad del desarrollo. Como era natural, el proceso acabó con el impulso que traía la ingeniería mexicana. En el gobierno se dejaron de hacer proyectos de infraestructura y se perdió la capacidad de regulación. Las empresas sufrieron estragos y en vez de que fueran apoyadas para convertirse, como las españolas, en empresas globales competitivas, fueron sometidas a ajustes y a una competencia que no pudieron resistir.

Desde luego que mucho de lo bueno queda. Ahora se demostró con las obras sobre el río Grijalva, pero lo que se tiene es mucho menos importante, en términos relativos, a lo que se tuvo. Como mera comparación, piénsese en las presas del río Grijalva, construidas con gran efectividad hace varias décadas.

Si en algún momento México habrá de recuperar su capacidad de crecimiento, no será por la prolongación de las visiones que habían concluido que el mercado resolvería los problemas del desarrollo y que, entre sus desenlaces, provocaron un gran daño a la ingeniería mexicana y al crecimiento. Para reconstruir al país habrá que recuperar a la ingeniería mexicana. Volverle a otorgar el papel relevante que tiene en cualquier sociedad que pretenda avanzar sobre bases sólidas. Los ingenieros mexicanos han demostrado su capacidad. La política debiera preparar su retorno y la formación, en grande, de sus nuevas generaciones.

Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista

 
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PERFIL
 
Ex diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue candidato presidencial en 2000 por el desaparecido Partido del Centro Democrático (fundado por él mismo).

En 1994 fue nombrado comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas. Durante el sexenio de Carlos Salinas, fungió como secretario de Relaciones Exteriores de diciembre de 1993 a enero de 1994. Asimismo, se desempeñó como jefe del Departamento del Distrito Federal.

 
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