| La justicia es lenta en México. Se cumplen ya 10 años de la matanza de Acteal, poblado del municipio de Chenalhó, en Chiapas, sin que la Fiscalía Especial para averiguar el caso tenga conclusiones contundentes sobre lo que realmente pasó el 22 de diciembre de 1997, cuando 45 campesinos fueron masacrados a mansalva por presuntos paramilitares por motivos de tenencia de la tierra y políticos, en plena efervescencia por el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. La impunidad duele. Sobre todo en una región que dista mucho de ser hoy más próspera y pacífica que entonces. El asesinato de los integrantes de la organización de productores independientes Las Abejas todavía genera polémica y polariza a historiadores e investigadores, sobre la naturaleza y financiamiento de los atacantes. Indignan las revelaciones del expediente publicadas por EL UNIVERSAL, de donde se desprendería la indiferencia del entonces gobernador Julio César Ruiz Ferro para detener la masacre, pese a los indicios que las autoridades locales habían anunciado. Hay que hacer justicia, sí, pero también conjurar el renacimiento de choques similares, toda vez que la zona sigue siendo propia de desplazados, hay comuneros y empresarios interesados en usufructuar dichos terrenos, así como grupos que quisieran afectar al EZLN, cuyas comunidades son colindantes. Pobladores alertan, otra vez, de señales de inquietud y de pugnas semejantes a las que hace 10 años culminaron con aquel cruento enfrentamiento. Hay que prevenir e investigar si son ciertas o falsas dichas advertencias y actuar en consecuencia. Sería inadmisible que una década después autoridades locales y federales repitieran la negligencia o, peor todavía, promovieran una nueva masacre en la misma región. |