| Después de haber pasado el primer año del sexenio de Felipe Calderón se empieza a ver por dónde anda el rumbo de este gobierno. El estrujamiento que dejó el proceso electoral ha sido un factor que gravita de forma central en este sexenio. Hubo un déficit de legitimidad inicial, que para una parte de la población, sigue vigente. Casi en cualquier parte en donde Calderón tiene presencia pública, callejera, aparece alguien que le recuerda que es un presidente espurio. Al mismo tiempo, para otro sector de la sociedad se ha logrado normalizar la vida institucional, la presidencia no se cuestiona y el 2006 es historia. En los claroscuros de este gobierno se pueden encontrar errores, aciertos, deficiencias y fortalezas. La gran causa inicial de la seguridad pública, la militarización de los operativos en contra del narcotráfico dejaron empantanado al país en una guerra que no se ha ganado y de la cual se desconocen los mapas de navegación para saber en qué momento estamos: ¿se han cubierto parcialmente las metas y objetivos? Por la información mediática nos podemos enterar que sigue la matanza entre los cárteles de la droga (ya se contabilizan más de 2750 asesinatos); que se han hecho algunas detenciones, se han extraditado capos, y se ha logrado la captura de toneladas de droga. Lo que no sabemos es qué sigue en la materia y cómo se evalúa desde el gobierno lo que se ha logrado. Lo que ha sucedido recientemente en Tamaulipas es un ejemplo de la gravedad y del círculo vicioso en que está atrapada esa región del país. Tal vez lo más destacado en la vida política sea la el rompimiento de la parálisis legislativa. De forma contrastante con la anterior administración, ahora se han logrado poner en ruta varias reformas. En esa bitácora se puede anotar la reforma al ISSSTE, que ha sido impugnada por cientos de miles de trabajadores. La reforma fiscal, que se quedó corta y en los próximos años habrá necesidad de hacer nuevas modificaciones. También se dio la reforma electoral, que tiene una autoría claramente legislativa, en donde el poder ejecutivo no jugó un papel activo. Se anuncian otras reformas, como la del sistema de impartición de justicia. En 2007 el Congreso ha jugado un rol importante y la relación entre los poderes ha superado el clima de tensión anterior y se han logrado consensos importantes. Lo cual no significa que se hayan hecho las reformas más idóneas, necesarias y satisfactorias, sino las que han resultado, las posibles dentro de un gobierno dividido y con el nivel de polarización que todavía existe en el país. Este cuadro de cambios legislativos ha sido positivo, a pesar de sus limitaciones. Por otra parte, ha habido cambios importantes en materia de derechos constitucionales, sobre todo por el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) sobre la ley Televisa. Desafortunadamente, la misma corte que se había prestigiado por esa y otras decisiones, tuvo un retroceso grave en el caso de la periodista Lydia Cacho, porque blindó de impunidad al gobernador de Puebla; ganó la mayoría conservadora de ministros que protegen al viejo sistema político. Alianzas perversas del calderonismo lo han llevado a caer en la complicidad con gobernadores del PRI que siguen en la impunidad como en los casos de Oaxaca y Puebla. Se puede destacar sobre todo las fotos que se ha tomado Calderón con Mario Marín, a quién denunció durante su campaña, y ahora convive con él. El cinismo político de la convivencia entre poderes y partidos (PAN y PRI) para proteger intereses es, como diría algún clásico, la fase superior del pragmatismo. Eso de que la historia no se repite y cuando lo hace es como farsa, puede ser discutible. Por lo pronto tenemos un caso con muchas similitudes. Cuando Carlos Salinas de Gortari llegó a la presidencia en 1988, la falta de legitimidad por el fraude electoral lo llevó a establecer una alianza con el PAN, entonces un partido de oposición. Así se pudo dar una buena parte de las reformas legislativas de ese sexenio. La bujía de ese pacto fue el polémico jefe Diego. Ahora Felipe Calderón, que llegó a la presidencia con una legitimidad cuestionada, ha establecido una alianza con el PRI, -hoy partido de oposición que quedó en un lejano tercer lugar en el 2006- para sacar adelante varias reformas en el Congreso. Al parecer la bujía de este proceso es el senador Beltrones. ¿La misma historia, pero con otros rostros? ¿Cogobierno o simple alianza entre PRI y PAN? La política interior del gobierno se ha centralizado en la figura de Calderón, que ha marcado un estilo centralizado. Es un gobierno de una sola voz. El desconocimiento público sobre su gabinete apuntala la grisura de algunos de sus integrantes, la cual se tiene que evaluar por los resultados. Apenas en días pasados se empezaron a plantear los planes del sexenio en materia económica, de seguridad y política social. ¿Por qué se tardó un año este gobierno para dar a conocer sus planes y metas de gobierno? La política exterior ha regresado a los cauces de la “prudencia” y la recomposición de relaciones con países como Venezuela y Cuba, pero al mismo tiempo, se han extraviado temas importantes como el de la migración hacia Estados Unidos. El momento electoral de nuestro vecino del norte ha retrasado el establecimiento de una agenda visible en la relación bilateral. Durante 2007 la figura de Calderón se ha construido de forma contrastante con la imagen del foxismo. Sin embargo en una cosa coinciden plenamente: ambos panistas han querido gobernar el país con el PRI; con Fox los resultados fueron un fracaso, pero con Calderón parece que las cosas marchan mejor. En esta clave también se puede entender la falta de dinamismo de Calderón para impulsar el cumplimiento de sus promesas de campaña: el empleo no crece, la competitividad no repunta, el cumplimiento de la ley no pasa por los aliados. Ya no pidamos otras cosas que nunca fueron promesas, como la defensa de los derechos humanos, una democracia de calidad o una educación que nos saque los últimos lugares en los que estamos según la medición de la OCDE. Por lo pronto, Calderón recuperó la dirección del PAN y juntos, gobierno y partido, se preparan para dar la pelea en las elecciones intermedias del 2009. Investigador del CIESAS |