| Habían sido dos semanas de negociaciones infructuosas acerca de la solución que podrían acordar representantes de cerca de doscientas naciones para revertir el cambio climático. Reunidos en la isla indonesia de Bali, esos representantes abuchearon a la delegación norteamericana por no dar su brazo a torcer para alcanzar un compromiso que pudiese evitar lo que ya es un hecho incontrovertible: el efecto invernadero producto de la ignición de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas natural. Eso es lo que está elevando la temperatura del planeta con las consecuencias desastrosas que ya estamos testificando. Parecía que la reunión fracasaría. Sin embargo, en la última sesión efectuada el sábado pasado 15 de diciembre, haciéndose portavoz del sentimiento colectivo, el representante de Papúa-Nueva Guinea, Kevin Conrad, les dijo a los norteamericanos con desesperación: “Buscamos el liderazgo de ustedes; pero si por alguna razón no desean tomar la batuta, dejen ése para el resto de nosotros: mejor no estorben.” Y es que el gobierno de George W. Bush había mantenido, hasta ese momento, una posición intransigente respecto del calentamiento global: decir “no” a cualquier cosa que significase ceder a las presiones para impulsar medidas restrictivas a la generación de efluvios como el bióxido de carbono. Paula Dobriansky, subsecretaria de Estado, cabeza de la delegación estadounidense, subió al estrado para responder: “Nosotros venimos aquí a Bali porque queremos avanzar como parte de un nuevo marco y estamos dispuestos a reducir nuestras emisiones de gases. Pensamos que tenemos una visión compartida y queremos impulsarla. Deseamos tener éxito aquí en Bali. Lo haremos y lograremos el consenso requerido.” Un giro inesperado. La sala estalló en aplausos sabiendo que, por fin, sería posible alcanzar un pacto en que también estuviera Estados Unidos. Como lo reportó EL UNIVERSAL (p. A9) el domingo 16 de diciembre, Ban Ki-moon celebró el acuerdo y dijo que “este es un momento decisivo para mí y para mi mandato como secretario general de la ONU”. Lo es también para el resto del mundo. Seguramente el convenio de Bali no contendrá todos los elementos que se necesitan para emprender acciones contundentes que modifiquen la tendencia ambiental, pero es una “hoja de ruta” que facilitará la negociación de un nuevo tratado para 2009 en sustitución del Protocolo de Kioto que expira en 2012. El propósito es reducir la emisión de gases que están produciendo la elevación de la temperatura del planeta. Esa disminución debe ser entre 25% y 40% por debajo de los niveles de 1990, y debe alcanzarse a más tardar en 2020. El éxito de la cumbre de Bali radica también en que logró involucrar a otros grandes contaminadores como China e India junto con el conjunto de países subdesarrollados que no habían sido incluidos en Kioto. En correspondencia, las naciones pobres recibirán tecnología y ayuda de las naciones ricas para controlar emisiones. El espíritu de cooperación se centra en tres palabras clave: que las acciones de los países en este renglón sean “cuantificables, reportables y verificables”. Aquí en México nos toca hacer nuestra parte. jfsantillan@itesm.mx Académico del ITESM-CCM |