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    Crecimiento inercial
José Luis Calva
13 de diciembre de 2007

En materia de crecimiento económico, el primer año de gobierno del presidente Calderón ha concluido con más pena que gloria. En 2007, el crecimiento del PIB apenas alcanzará la modesta tasa de 3% anual, similar al mediocre crecimiento observado desde la entrada en vigor del TLCAN (2.97% anual durante 1994-2006).

En consecuencia, los resultados en materia de empleo son decepcionantes: de acuerdo con las más recientes cifras del INEGI, la población ocupada en el conjunto de la economía mexicana pasó de 42 millones 604 mil 003 trabajadores en el tercer trimestre de 2006, a 42 millones 916 mil 569 en igual periodo de 2007; es decir, un incremento de apenas 313 mil 566 trabajadores ocupados durante un año.

Los resultados son más desalentadores en los tres primeros trimestres de 2007, puesto que la población ocupada en el conjunto de la economía apenas incrementó en 70 mil 428 trabajadores respecto al cuarto trimestre de 2006 (cuando se contabilizaron 42 millones 846 mil 141 trabajadores ocupados).

Ciertamente, durante el primer año de gobierno del presidente Calderón (del 1 de diciembre de 2006 al 30 de noviembre de 2007) se presentó un incremento de 800 mil 215 trabajadores inscritos en el IMSS; pero en su mayoría fueron eventuales (414 mil 466), de manera que el incremento de puestos de trabajo en los registros del IMSS significó básicamente la formalización de empleos precarios previamente existentes.

No es nada sorprendente: para absorber a los nuevos demandantes de empleo, reteniéndolos en nuestro país, la economía mexicana debe crecer a una tasa cercana a 6% anual. Esta relación, generalmente aceptada, tiene por fundamento el dato empírico de que la población demandante de empleo crece a una tasa próxima a 4% anual —debido a las elevadas tasas de crecimiento demográfico observadas durante los años 70 y 80, sumadas al creciente porcentaje de participación de las mujeres en el mercado laboral—, de manera que un crecimiento económico de 4% sólo sería suficiente para absorber a los nuevos demandantes de empleo si la productividad del trabajo no aumentara. Pero si la productividad laboral crece a una tasa de 2% anual (o más) es necesario un crecimiento económico de 6% anual (o mayor) para dar ocupación en nuestro país a las nuevas generaciones de trabajadores.

En consecuencia, para enfrentar nuestros graves problemas de desempleo, subempleo, expatriación de mexicanos y pérdida de cohesión social, México necesita ingresar a un nuevo ciclo largo de crecimiento económico acelerado y sostenido, por lo menos similar al observado bajo el modelo económico precedente al neoliberal, cuando el PIB incrementó a una tasa media de 6.1% durante el periodo 1934-1982, de manera que —no obstante el acelerado crecimiento demográfico— el PIB per cápita presentó un crecimiento acumulado de 348% en poco menos de medio siglo, a una tasa promedio de 3.2% anual.

En contraste, durante el periodo 1983-2007 —de perseverante aplicación del decálogo “reformas estructurales” y “disciplinas macroeconómicas” del Consenso de Washington—, el PIB sólo incrementó a una tasa media de 2.5% anual, de modo que el PIB per cápita presentó un crecimiento acumulado de apenas 21.4% durante un cuarto de siglo, a una tasa media de 0.8% anual.

Para escapar de este escenario “inercial” de crecimiento económico, es necesario que México ponga punto final al experimento neoliberal, diseñando endógenamente su propia estrategia de desarrollo económico e inserción eficiente en la globalización, como lo han hecho los exitosos países en desarrollo de Asia, que han aplicado estrategias económicas de mercado dirigido, herejes al Consenso de Washington, consiguiendo un crecimiento de 7.1% anual durante un cuarto de siglo (1981-2006). Desde luego, destaca especialmente China, que ha crecido a una tasa media de 9.5% anual; y recientemente la India, cuya economía está creciendo a una tasa media de 7.5% anual. La moraleja es obvia: sí hay de otra en la economía globalizada.

Por fortuna, la evaluación objetiva de nuestras realidades y potencialidades evidencia también la factibilidad de un crecimiento sostenido de la economía mexicana a ritmos asiáticos.

Argumentado sólidamente por economistas académicos desde hace varios lustros, este potencial de crecimiento ha sido recientemente reconocido por importantes organismos internacionales. Incluso el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, José Ángel Gurría —durante el Foro Internacional sobre Políticas Públicas para el Desarrollo de México, realizado en febrero de 2007—, reconoció: “México tiene capacidad para crecer a tasas anuales de 7% a 8% sostenidamente como China, India y Corea. Con políticas públicas de calidad y una instrumentación eficiente ello sería factible” (EnPleno, No. 80, 8/III/07). El punto está en la estrategia.

La clave consiste en atreverse a cambiar, desechando el modelo económico neoliberal. Si no lo hacemos, la historia de nuestro pasado reciente —un cuarto de siglo perdido para el desarrollo— será el espejo de nuestro futuro: causas iguales producen efectos iguales.

Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM

 
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PERFIL
 
Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM. Especialista en economía agrícola y desarrollo rural, fue distinguido con el Premio Nacional de Periodismo en 1999, por artículo de fondo publicado en EL UNIVERSAL, donde colabora desde mayo de 1995. Ha impartido numerosos cursos en universidades de México y el extranjero y participado como ponente en más de 200 seminarios y congresos científicos. Entre sus logros se cuentan también el Premio en Investigación Económica "Maestro Jesús Silva Herzog" 1999, el Premio Universidad Nacional 2001 en ese mismo ramo y el Primer Premio Nacional de Periodismo en Análisis Económico 2001, otorgado por el Club de Periodistas de México, A.C.
 
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