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    ¿De quién son las cárceles?
Editorial EL UNIVERSAL
12 de diciembre de 2007

Dentro de las prisiones mexicanas prevalecen el vicio, el crimen y la impunidad.

Desde allí, mediante teléfonos celulares, se extorsiona a la población y se dirigen bandas de delincuentes y cárteles de la droga.

En el interior se trafica con estupefacientes y se ejercen presiones de todo tipo para coaccionar a los reclusos. Es un axioma que para sobrevivir hay que tener dinero o estar amafiado con delincuentes o custodios.

El que tiene dinero cuenta con protección, espacio, servicios, mujeres, comidas de restaurantes exclusivos —por donde también se les hace llegar la droga— y hasta lecciones de tenis.

Los que carecen de recursos son esclavizados o maltratados salvajemente, a veces con consecuencias mortales, simuladas como suicidios por ahorcamiento.

Esa penosa realidad ensombrece la muerte de José Luis Calva, acusado de asesinar y devorar a Alejandra Galeana Garavito, y señalado de ultimar también a Verónica Martínez Casarrubia y a una prostituta llamada La Costeña.

Calva apareció ayer colgado de su cinturón, en el Reclusorio Oriente, cuando el reglamento indica que los reos son despojados de cinturones, agujetas, joyas y escapularios como medida preventiva. También debía haber estado bajo vigilancia permanente por un celador. Su concubina Juana Mendoza reveló que la familia del poeta caníbal tiene una carta en la que temía ser asesinado por personas que le exigían dinero. El dinero estaba siendo recaudado para ayudarlo. Su abogado, Humberto Guerrero Plata, lo vio el domingo, un día antes de su muerte, para que le entregara un capítulo de su libro El caníbal poeta seductor. No parecía estar a punto de suicidarse.

Era una personalidad inestable y muy afectada, pues fue abusado de niño y su familia se desintegró a la muerte de su padre. Tenía el síndrome de Jeffrey Dahmer, el caníbal de Milwaukee asesinado a puñaladas en una cárcel. Calva debería haber sido internado en un centro de atención siquiátrica, no en un penal.

Calva fue apresado el 8 de octubre, en Mosqueta 198, colonia Guerrero, edificio del cual se arrojó a la calle en un intento por escapar. Fue atropellado e internado en el hospital de Xoco. Entonces se le comparó con Hannibal Lecter, el personaje recreado por Anthony Hopkins en las películas El silencio de los inocentes, El dragón rojo y Hannibal.

Hubo errores colosales en el manejo de este presunto homicida enfermo, pero por encima del procedimiento se abulta el clima de perversión, abuso y crimen que existe en el sistema carcelario nacional, que nunca mejora, aunque sus directores dejen el cargo convertidos impunemente en multimillonarios.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha demandado la acción oficial para atender con urgencia una epidemia de sarna que se extiende por las cárceles de la nación, como si se tratara de instituciones públicas de la Edad Media.

Hay que aclarar la muerte de Calva, pero sobre todo hay que revisar nuestra red de prisiones.

 
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