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    Las buenas intenciones
Francisco Rojas
11 de diciembre de 2007

En días recientes el gobierno, a través de los secretarios de Estado, presentó con bombo y platillo los planes sectoriales que harán que para 2012 México sea casi el paraíso.

Se supone que dichos planes son consecuencia del Plan Nacional de Desarrollo, que pocos conocieron y que carece del ingrediente principal: la participación ciudadana y, especialmente, la del Congreso.

Como se dijo en su oportunidad, el Plan plantea un crecimiento sostenido de 5% anual; generar 800 mil nuevos empleos por año; reducir en un tercio los mexicanos en pobreza extrema; y contar con una de las infraestructuras más competitivas de la región.

El gobierno estableció tres ejes como guía de los planes sectoriales: propiciar el desarrollo de mayores capacidades de las personas, en particular mediante una mejor y mayor educación y servicios de salud; y promover mayor inversión privada y pública, incrementando a la vez la competitividad de la economía.

Qué bueno que el propósito de mejorar la educación se anunció primero que los resultados de PISA, de la OCDE, que nos volvió a desnudar literalmente en materia educativa, y que pusieron de relieve que los esfuerzos en los últimos siete años, periodo en que se han realizado las tres evaluaciones, no hemos mejorado y que seguimos ocupando “honrosos” últimos lugares en aspectos vitales para el desarrollo del capital humano y por ende de la competitividad de un país, como son el lenguaje, las matemáticas y las ciencias.

En vano fueron los programas faraónicos de Fox como Enciclomedia, la megabiblioteca y el destinar a la educación uno de los presupuestos, en PIB, más altos que muchos países, incluso de la OCDE.

Los resultados son paupérrimos y comprenden tanto a la educación que se imparte en establecimientos públicos como a la que se recibe en escuelas privadas. Hay problemas de fondo que tienen que ver con el enfoque educativo, la infraestructura escolar, la escasa preparación de los docentes y organizaciones laborales dedicadas más a vender al mejor postor sus capacidades organizativas ¡en materia electoral! que al mejoramiento de la calidad educativa.

Mención especial merecen los capítulos dedicados a la promoción de la inversión y al aumento de la competitividad. Se proponen los planificadores para ello alcanzar una competencia efectiva en todos los sectores, es decir, eliminar los monopolios privados y públicos y abrir a la competencia y, por supuesto, a la inversión extranjera, los principales renglones de la economía, con lo que esperan aumentar el empleo.

Este fue sin duda uno de los grandes fracasos de Fox, a pesar de los cuantiosos recursos de que dispuso y lo es, hasta ahora, del régimen actual. El programa del Primer Empleo ha sido un fracaso; de acuerdo con datos del IMSS, la expectativa del número de trabajadores a subsidiar en 2007 era de 39 mil; sin embargo, conforme a las cifras del Primer Informe de Gobierno, al 30 de junio del presente se habían inscrito únicamente 4 mil 664 trabajadores, 27% de la meta.

También persiguen los señores de los planes mejorar la regulación de la economía, contar con infraestructura suficiente y de calidad, fortalecer el mercado interno y crear condiciones favorables para el desarrollo de las empresas, especialmente en telecomunicaciones y energéticos.

Interpretando “el espíritu” de los planes, se entiende la congruencia ideológica que existe atrás de algunas medidas, especialmente en la proyectada reforma energética. El bombardeo mediático a que han sometido a la sociedad es artero y falaz, con el claro propósito de convencernos de las bondades de las recetas neoliberales, hasta que por cansancio y desinformación convengamos en que los mexicanos no podemos ser los arquitectos de nuestro destino, sino que tenemos que “abrir a la competencia” sectores estratégicos como el petróleo, en contraposición con lo que están haciendo países más desarrollados para defender sectores que consideran estratégicos.

Basten dos ejemplos de doble moral y cinismo: la oposición española para que se vendiera la línea aérea Iberia, contrastando con la lucha de Telefónica para entrar al mercado de Telmex; y el impuesto de 0.54 centavos de dólar al galón de etanol importado de Brasil, para proteger a los productores estadounidenses que, además, reciben subsidios para sembrar maíz y establecer las plantas refinadoras correspondientes.

Los retos del país son múltiples y urgentes; pero su solución no es a través de “acuerdos en lo oscurito” por camarillas que se confieran la representación del pueblo mexicano y que pueden acarrear serios costos políticos que se verán en 2009.

Analista político

 
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PERFIL
 
Diputado federal por el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Se desempeñó como director general de Petróleos Mexicanos (Pemex) y como presidente del Patronato de la UNAM. Actualmente es, además, presidente ejecutivo del Consejo Mexicano de la Industria de Productos de Consumo A.C., presidente del Consejo Corporativo de la Fundación Solidaridad Mexicano Americana A.C., y presidente del Consejo Directivo del Instituto Cultural México-Israel, A.C.
 
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