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    Tabasco: quién tiene la ayuda
Editorial EL UNIVERSAL
7 de diciembre de 2007

No cabe duda: somos un pueblo generoso. Quedó demostrado tras la enorme muestra de solidaridad que dimos al aportar ayuda a manos llenas a los habitantes de Tabasco, víctimas de las inundaciones de noviembre. Nada más que ahora falta saber dónde quedó el dinero, cuánto aportó cada quien, cuántos recursos llegaron del exterior, por qué no está fluyendo la solidaridad, y finalmente, quién —que no los tabasqueños— está ganando con la administración de la filantropía

La Secretaría de la Función Pública disculpa al gobierno federal asegurando que fue imposible poner la lupa en el manejo de recursos que se acumulaban con tal fin. Pero da a conocer la elaboración de un mapa de auditorías para esclarecer dónde está y cómo se ejerce la ayuda.

La Cancillería reportó a los diputados donaciones de parte de gobiernos extranjeros por 6.7 millones de dólares, pero falta conocer el gran total de la ayuda, que al parecer nadie tuvo el cuidado de concentrar en una sola entidad.

Fuimos testigos de la diversidad de iniciativas oficiales, privadas y hasta particulares para recaudar ayuda para los hermanos tabasqueños. Supimos de múltiples fundaciones, organizaciones no gubernamentales, la Cruz Roja, medios de comunicación, iglesias, casas de asistencia, universidades, gobiernos estatales, asociaciones civiles y cualquier cantidad de entes que se constituyeron en centros de acopio solidario. Muchos incluso dieron a conocer públicamente las toneladas de ayuda recaudada o los montos de recursos económicos alcanzados por ellos de manera parcial.

No se duda de la buena fe de la mayor parte de estas acciones. Sin embargo, por alguna razón, el Consejo Ciudadano para la Reconstrucción de Tabasco asegura no saber nada de los millonarios recursos que se recaudaron y que las carencias en la entidad son tantas que los pocos recursos disponibles no alcanzan para paliar la situación de emergencia posterior a las inundaciones.

¿Negligencia, desorganización, dolo? Es urgente saberlo y, en su caso, deslindar responsabilidades o sacar la ayuda de las bodegas donde se encuentre o de los bancos donde reposa. En efecto, la Función Pública tiene mucho que hacer al respecto.

No es inédito que tras una desgracia natural haya quienes vean la oportunidad de medrar con la tragedia ajena. Acaso los más sonados escándalos al respecto se dieron en Nicaragua durante la época de Somoza, quien después de un terremoto hizo de la ayuda internacional un negocio, como años después lo fue para la élite hondureña el paso del huracán Mitch. En México, durante décadas, la entrega de ayuda a damnificados era por lo general acompañada de mensajes políticos y condicionamientos electorales.

No tenemos por qué hacer de Tabasco un caso más de corrupción y desvíos en la historia de este tipo de fenómenos. Si no se pudo prevenir en su momento la unificación de los acopios, debemos aprender para el futuro y deslindar responsabilidades actuales.

 
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