| La violencia hacia los más vulnerables es algo histórico, porque quien detenta un poder ha buscado subordinar a quienes menos tienen, pero también a las mujeres, a los niños, a las niñas. Garantizar que no exista violencia de género es uno de los retos más formidables de la humanidad, porque las mujeres están presentes en toda la sociedad y transformar su condición actual significa transformar al mundo. Cuando las mujeres llevan una vida digna, sin violencia, sin subordinación y sin exclusión, se puede decir que hemos arribado a otra manera de ser. Pero todavía, en el planeta, el maltrato hacia ellas es un asunto generalizado. Hoy, en México, tenemos una herida abierta por el maltrato hacia las mujeres y por los feminicidios. Cambiar esta situación nos exige emprender una enorme batalla reformando las disposiciones jurídicas que las someten y las colocan en situaciones adversas, desarrollando políticas públicas que las empoderen, apoyando sus iniciativas con créditos, creando instancias para que puedan cumplir sus metas, para que no estén solas, para que se encuentren respaldadas jurídicamente, para que tengan apoyo sicoterapéutico, para que puedan tener un refugio, entre muchas, muchas otras acciones. Y es que nos enfrentamos a una milenaria visión del mundo que subordina a las mujeres. No es una batalla fácil, porque está vinculada a un cambio en la forma de ver el mundo que se expresa en las relaciones interpersonales tanto en el ámbito público como en el privado. Hay avances sustanciales. La revolución más importante del siglo pasado es la que tiene que ver con la defensa de los derechos de las mujeres, porque cada vez más están seguras de exigir respeto. Esta actitud es la que ha hecho que, cuando se comete un crimen contra las mujeres, muchas más decidan no guardar silencio. Siri Alatorre es una mujer que fue brutalmente golpeada por su esposo y ha quedado parapléjica de por vida. En la Procuraduría de Justicia del Estado y las instituciones de defensa y apoyo a las mujeres del gobierno de Zacatecas se le respaldó; el juez dictó una condena de 20 años al agresor, quien confesó el delito, y sin embargo en una sala del Tribunal Superior de Justicia se ordenó su libertad, argumentando un asunto técnico jurídico. Tengo que decir con respeto y con claridad que no coincido con esa decisión que tomaron un magistrado y una sala del Tribunal Superior de Justicia del Estado. Es inaceptable y mi deseo es que sea rectificada. También debo decir que esta resolución no le hace justicia a la actuación de la máxima autoridad del Poder Judicial en Zacatecas, cuyos integrantes son personajes respetados y queridos. Su participación, junto con el gobierno del estado, ha sido muy activa en la adopción de los juicios orales, y somos uno de los primeros que han dado ese paso. Este caso nos revela las enormes contradicciones que prevalecen, porque junto con avances significativos, seguimos teniendo retrocesos que nos lastiman, motivados por una visión del mundo que subordina a las mujeres y les niega derechos plenos. Aquí expreso nuevamente a Siri Alatorre que en el marco de mi competencia, en el marco de la ley, haré todo lo que esté a mi alcance para que no quede en la impunidad esa brutal agresión. A lo largo de mi vida he luchado por defender los derechos de las mujeres, y ante este y otros atropellos no puedo permanecer en silencio. Me duele profundamente la reciente resolución de la Suprema Corte de Justicia ante la denuncia presentada por Lydia Cacho. Como mujer, me siento muy lastimada por lo que esto significa para ella y también para las niñas y los niños que han sido abusados. Muchos teníamos esperanza de que este fallo pusiera un alto a quienes han abusado y vulnerado a tantos. Sin embargo, no fue así y esta decisión nos tocó muy dentro. Nuevamente, las contradicciones están presentes, porque mientras la Suprema Corte ha tomado decisiones muy complejas a favor de la sociedad, como en el caso de la ley de medios, cuando se trata de asuntos relacionados con los derechos de quienes son más vulnerables, los avances no son parejos. Esta es una reflexión que debemos realizar de inmediato para que la protección a las mujeres, las niñas y los niños sea una realidad y una prioridad en las instituciones de justicia de nuestro país. Gobernadora de Zacatecas |