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    Calentamiento global
Rodolfo De la Torre
30 de noviembre de 2007

Los culpables indirectos, por omisión y comisión, de la tragedia de Tabasco no serán castigados señalando posibles descuidos en la realización de obras hidráulicas locales o en la administración de las presas cercanas. Diagnosticar como causa de la inundación de más de 70% del territorio del estado y de la afectación de la mitad de su población a una conspiración entre gobiernos y empresas nacionales, además de ingenuo, anuncia la vigencia ininterrumpida y total de la impunidad respecto a quienes están ocasionando esta tragedia y muchas otras por su contribución al peligroso calentamiento global. Afortunadamente, este tema, muchas veces considerado escudo de negligencias regionales, es abordado con seriedad en el Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008 (IDH) de cobertura mundial.

Hablar del calentamiento global no es excusa para dejar sin examen el papel de las autoridades involucradas en el Programa Integral contra Inundaciones de Tabasco, ni la actuación de la Comisión Federal de Electricidad en el desfogue de la presa Peñitas, por ejemplo, pues estos elementos deben ser investigados para deslindar responsabilidades, así como el uso partidista de la tragedia y las incursiones no coordinadas de ayuda “desinteresada” de alguna entidad federativa. Hablar de calentamiento global es referirse al cambio climático que pudo haber estado detrás del hecho de que Tabasco registrara en tres días lo que suele llover en un mes entero, y que en el lapso de 24 horas se quintuplicara la precipitación pluvial respecto al promedio histórico, no sólo para buscar explicaciones sino también responsables.

El IDH, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, muestra, apoyándose en el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, merecedor del Nobel de la Paz de este año, que en tiempos recientes el clima extremo en el planeta ha dejado de ser un mero asunto de mala suerte ante la naturaleza. El IDH señala que la cuestión central del cambio climático es que la capacidad de la Tierra de absorber dióxido de carbono (CO2) se está sobrepasando, lo que eleva la temperatura promedio mundial un grado centígrado cada 50 años. Lo anterior no pasaría de ser una curiosidad de nos ser porque de aumentar dos grados la temperatura promedio del planeta habría consecuencias catastróficas y porque ya hemos aumentado 0.7 grados la temperatura global en los últimos 150 años.

Además, mientras la catástrofe planetaria se acerca, aumentan desastres regionales como inundaciones en Asia o sequías en África. Así, entre 2000 y 2004, se reportaron en el mundo un promedio anual de 326 desastres climáticos. En ese mismo periodo, alrededor de 262 millones de personas se vieron afectadas anualmente, cifra que más que quintuplica lo ocurrido en la segunda mitad de los años 70. Una de las características de este mayor número de situaciones críticas es que impactan principalmente a los países menos desarrollados: una de cada 19 personas en el mundo en desarrollo se ve afectada por un desastre natural, mientras que sólo una de mil 500 lo es en los países más desarrollados. Además, la mayor parte de las víctimas suelen tener precarias condiciones de desarrollo.

Un ejemplo de la desigualdad ante la tragedia son las inundaciones en México y Bangladesh de hace unas semanas. Mientras que en Tabasco no se registraron víctimas, en el país asiático murieron más de 3 mil personas. La diferente vulnerabilidad tiene que ver con que la entidad mexicana posee un Índice de Desarrollo Humano que la situaría en el lugar 78 del ordenamiento mundial, si se le considerara como país, mientras Bangladesh ocupa el lugar 140. Sin embargo, tan importante como la desigualdad entre las víctimas es la diferente responsabilidad de los países en provocar el cambio climático. Tan sólo tres naciones, EU, Rusia y China, han generado cerca de 45% de las emisiones de CO2 en la historia de la humanidad.

Como puede verse, la expansión del “capitalismo salvaje” no es la respuesta simple de por qué ocurre el calentamiento global, pero si hubiera que resumir el problema habría que decir que el avance de las grandes potencias lo están pagando los más pobres. Por eso, es necesario que las medidas de mitigación del calentamiento global provengan de los países que principalmente lo han causado, concentrándose en ellos el esfuerzo por corregirlo. No sólo eso: el IDH también propone que los países desarrollados “paguen” por las consecuencias sufridas por el resto del mundo financiando un fondo mundial de adaptación al nuevo clima. Desafortunadamente, con excepciones, los países más ricos no se han comprometido con las metas climáticas ni con aportaciones para paliar el daño.

Pretender, miopemente, hacer a un lado el riesgo de una catástrofe planetaria, y las tragedias para los más pobres que lo acompañan, conformándose con el señalamiento de culpables locales en el caso de Tabasco y otros, exime de su responsabilidad histórica a las grandes potencias. Es necesario ampliar la mirada e ir más allá de perversidades políticas provincianas, pues quedarse en ellas también calienta.

rodolfo.delatorre@prodigy.net.mx

Director de la Oficina del Informe Nacional de Desarrollo Humano

 
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PERFIL
 
Rodolfo De la Torre es Director del Instituto de Investigaciones sobre Desarrollo Sustentable y Equidad Social de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, Editor del Informe sobre Desarrollo Humano, México, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, editor de la revista Bienestar y Política Social de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social y miembro del Comité Técnico para la Medición de la Pobreza. Ha sido director de El Trimestre Económico y profesor de economía política en el CIDE, El Colegio de México, el ITAM y la UNAM.
 
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