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    Benazir, sí
Manuel Camacho Solís
19 de noviembre de 2007

¿Qué se hace en un país donde la crisis es inminente, las fórmulas convencionales ya no funcionan y los escenarios, para el caso de no resolverla, son catastróficos? Primero se dice que no pasa nada; que los problemas se solucionarán. Cuando las muestras del fracaso son inocultables, se intenta la línea dura, así sea sólo como globo de reconocimiento. Pero si la línea dura no es capaz de contener la inconformidad, sólo quedan dos caminos: empecinarse en sostenerla, aún con mayor dureza, lo que sólo acelerará la crisis de legitimidad; o buscar una salida política.

Eso está ocurriendo en Paquistán. El orden autoritario que resultó del golpe y que fue aceptado por los norteamericanos en el contexto del 11 de septiembre, para sostenerse ha tenido que recurrir a un endurecimiento adicional que no ha hecho sino acelerar su debilitamiento interno y aislamiento del exterior. Prolongar el estado de emergencia no hará otra cosa que fortalecer las movilizaciones democráticas y sobre todo a la resistencia armada fundamentalista.

Sólo se recuperará la gobernabilidad en Paquistán, si se abre la puerta a una salida política: fin al estado de emergencia, restitución de los tribunales autónomos, autoridad electoral independiente, liberación de presos políticos, elecciones imparciales próximas y un liderazgo político a la altura de la dificultad.

Paquistán es hoy uno de los eslabones más débiles para la estabilidad mundial. Su gobierno tiene armas atómicas. Su frontera con Afganistán es crucial para Al-Qaeda. Su dictador, el general Pervez Musharraf, ya no es capaz de asegurar la gobernabilidad. En un cuadro en extremo complejo, vuelve a emerger la figura de Benazir Bhutto, la ex primera ministra que regresa del exilio y representa hoy la única oportunidad de una solución política, a lo que se perfila ya como una nueva crisis de grandes proporciones.

El general Musharraf subió al poder mediante un golpe. Con los acontecimientos del 11 de septiembre, se inclinó por respaldar por completo al presidente Bush, en su guerra contra el terrorismo. Se convirtió en ese momento en una pieza clave de la política norteamericana. Ayudó a resguardar su frontera con Afganistán y sus servicios de inteligencia se convirtieron en un aliado importante para Norteamérica. Su acercamiento excesivo con Estados Unidos le generó un rechazo creciente entre los núcleos radicales y los insuficientes resultados en el combate a Al-Qaeda, fueron minando su prestigio externo.

Pero fue la situación interna la que más ha minado el poder del general. No toleró la autonomía del poder judicial. No estuvo dispuesto a ir a una elección imparcial. No entendió que una negociación con Bhutto era eso y no su supeditación. Su situación interna empezó a hacer crisis cuando sus jueces le reclamaron la necesidad de que respetara los derechos de los ciudadanos. Volcó su enojo contra el presidente de la Corte, pero tuvo que dar marcha atrás por las presiones de la opinión pública, para de nuevo decidirse a ir en su contra, ponerlo bajo arresto domiciliario y provocar, así, la movilización de los abogados y las organizaciones de derechos humanos.

Su endurecimiento lo llevó a dar un segundo golpe para evitar que los resultados electorales le fueran desfavorables, con una declaratoria de estado de emergencia. Hoy de nuevo intenta contener la inconformidad arrestando a sus principales opositores. La situación es tan peligrosa que, hasta los Estados Unidos, le exigen poner fin al estado de emergencia y convocar a elecciones.

En ese escenario de máxima dificultad, está presente una mujer que representa hoy la única opción de solución política a la crisis. Ha sabido sobrevivir en la rudísima vida política de su país. Defiende con determinación los valores democráticos. Cuenta con el respaldo del principal partido político. Tiene enemigos duros en el Ejército y los núcleos represivos, pero también tiene respetabilidad y carácter. Sus dotes intelectuales son excepcionales, como lo es su valentía para ir al centro del problema, armada de la política y de un compromiso profundo con el destino de su país. Benazir Bhutto, sí.

Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista

 
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PERFIL
 
Ex diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue candidato presidencial en 2000 por el desaparecido Partido del Centro Democrático (fundado por él mismo).

En 1994 fue nombrado comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas. Durante el sexenio de Carlos Salinas, fungió como secretario de Relaciones Exteriores de diciembre de 1993 a enero de 1994. Asimismo, se desempeñó como jefe del Departamento del Distrito Federal.

 
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