| Las explicaciones sobre las causas de la tragedia provocada por las lluvias torrenciales en Tabasco y parte de Chiapas han sido de lo más extremas, desde quienes afirman que frente a los fenómenos naturales de gran magnitud no se puede hacer nada, pasando por aquellos que reconocen que medidas de prevención son posibles pero que en esa especie de pantano tabasqueño sus impactos son limitados, hasta los que afirman que la catástrofe responde al abandono histórico respecto de la construcción de obras hidráulicas por parte de los gobiernos estatal y federal. Lo cierto es que si las autoridades hubieran tomado en cuenta los señalamientos que desde hace años hacen los especialistas sobre dos características mundiales de los desastres naturales, la catástrofe tabasqueña no tendría las proporciones actuales. Dichos rasgos son que inundaciones, sequías, tornados, huracanes o maremotos, entre otros fenómenos climáticos, son cada vez más frecuentes en el tiempo y amplios en el espacio territorial y, por tanto, más destructivos a la vida humana y animal y a los ecosistemas. Es una especie de creciente sincronización fatal temporal y espacial. Sólo en Tabasco, su territorio está inundado en 80% y los afectados son más de un millón de personas ; se calcula en más de 70 mil las casas y edificios dañados, mil 200 escuelas afectadas, destrozos en la infraestructura carretera y portuaria, posibles epidemias y epizootias, pérdidas totales de pertenencias personales, daños sicológicos en la población, desabasto y encarecimiento de víveres y medicinas. Situación que puede prolongarse por semanas y hasta meses. Espacio y tiempo reflejan de manera nítida una situación socioeconómica y política preexistente de alto riesgo e irresponsabilidad gubernamental que el fenómeno meteorológico detonó y puso en crisis. Posibles responsables son los ex gobernadores Roberto Madrazo y Manuel Andrade, y funcionarios de la Comisión Federal de Electricidad, de la Comisión Nacional del Agua y de la Secretaría de Energía. Si se realiza una investigación objetiva que deslinde responsabilidades y aplique las sanciones correspondientes, ésta sería un impulso contundente a la estancada transición política democrática y a la pospuesta reforma del Estado. Mostraría que en México hay estadistas y no sólo gobernantes sexenales en el poder presidencial, Legislativo y Judicial o en las dirigencias de los partidos políticos. Es muy improbable que la élite gobernante gane legitimidad con actos concretos y no con golpes de publicidad mediática y acusaciones mutuas. Los raquíticos 200 millones de pesos anunciados por Calderón para reactivar a la pequeña empresa, la “amnistía” fiscal provisional del IVA y otros impuestos, cuando debería ser cero impuestos como a las ganancias financieras y los más de 2 mil 650 millones de pesos gastados en promoción de su imagen, son un insulto al pueblo tabasqueño y de México. Es más improbable que la oligarquía económica muestre solidaridad social verdadera mediante un pacto regional de desarrollo económico que privilegie los intereses sociales sobre los privados en la reconstrucción de Tabasco. Ojalá Carlos Slim y otros multimillonarios dieran una muestra de patriotismo y nacionalismo que reclamó Calderón en su mensaje a la empobrecida población mexicana. Los pobres en la paz como en la guerra son la carne de cañón de las irresponsabilidades y aventuras de las élites políticas y económicas. Nada nuevo bajo el sol. Lo paradójico de la tragedia tabasqueña es que se ha insistido en que hubo negligencia oficial tanto por el manejo de las instalaciones hidráulicas como de falta de construcciones suficientes de las mismas. Empero, Salvador Briceño, director de la Oficina de Estrategia Internacional de Reducción de Desastres de Naciones Unidas, recién reveló que “las inundaciones son uno de los peligros naturales más anunciados, esperados y fáciles de predecir, y sin embargo no se hace lo suficiente para preparar y proteger a los pobres, los más afectados por esos fenómenos; los pobres tienen menos posibilidades de adaptar sus condiciones de vida antes y después de las inundaciones, y con frecuencia se ven obligados por las circunstancias a vivir en zonas de alto riesgo” (La Jornada, 5/XI/07). Por su parte, académicos de la UNAM, desde 2004, habían alertado en un estudio sobre el aumento en la altura del mar, el hundimiento de la región, la extracción de petróleo y gas, la construcción de presas, la erosión del suelo y la tala del bosque y selva; todo ello fue “un coctel que provocó que las inundaciones llegaran a niveles sin precedentes en Tabasco”. Situación riesgosa que no atendieron ni Pemex ni Conagua ni los gobiernos estatal y nacional (EL UNIVERSAL, 9/XI/07). Responsable no fue el cambio climático señalado por Calderón. jlpineyro@aol.com Profesor investigador UAM-A |