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    Tabasco, vergüenza
Manuel Camacho Solís
5 de noviembre de 2007

Una vez que pase la emergencia, no deberían quedar los tabasqueños sin una explicación sobre lo que ha pasado y, sobre todo, sin la determinación colectiva que les permita superar la adversidad. Del dolor debe pasarse a la solidaridad. De la indignación a la acción. Lo que sería una vergüenza es que, después de lo ocurrido, todo regresara a la normalidad, para que en algún tiempo se repita la tragedia. No.

Se sabe que Villahermosa está en una zona baja, rodeada por ríos, propensa a inundarse. Pero no se puede aceptar que, con todos los recursos que ha tenido el gobierno, las familias estén condenadas a sufrir un nivel de incertidumbre y destrucción como el que están viviendo.

Los desastres naturales sacan a relucir los problemas lacerantes. La inundación que están sufriendo los tabasqueños, pone al descubierto la manera funesta como se ha conducido la cosa pública. ¿Qué ha pasado? ¿Qué tendría que hacerse una vez que se retiren las aguas?

En los años 60, Tabasco era un estado con una agricultura, ganadería y pesca que permitían, a la mayor parte de su población, sobrevivir. Bajo el liderazgo del gobernador Carlos A. Madrazo, el estado aceleró su progreso. Se hicieron obras por doquier. Empezó a cambiar Villahermosa. Se comenzó a conectar el estado con el resto del país.

En los años 70, con los descubrimientos petroleros, Tabasco sufrió las consecuencias de la acelerada destrucción del medio ambiente y la inflación que trajo consigo un crecimiento desordenado de la industria petrolera; a la vez que, por las gestiones del ingeniero Leandro Rovirosa, pasó a recibir un ingreso fiscal extraordinario que lo colocó en el primer lugar nacional por habitante.

En los años 80, a pesar de la crisis que siguió a 1982, Tabasco se convirtió en un estado ejemplar. Con el gobernador Enrique González Pedrero y doña Julieta Campos, pudo concebir un proyecto regional y estructurar un programa de desarrollo económico y social que llamó la atención del país. “Piso, fogón y letrina”. Nuevos liderazgos sociales y políticos. Puentes. Centros integradores. Programas para las zonas indígenas. Teatro campesino. Comisión para el desarrollo de las zonas petroleras, donde el gobernador decidía, con el director de Pemex y las autoridades presupuestales federales.

Para los años 90, a partir de 1988, empezó el deterioro. Se olvidó lo sustantivo (educación, salud, agricultura, diversificación industrial). Se fue incubando el desastre social que hoy pone al estado en los últimos lugares en educación, nutrición, aprendizaje de matemáticas, competitividad, salud, empleo. Por el temor al éxito de la izquierda, se desarrolló un modelo de control social y político fincado en el reparto del dinero para ganar las elecciones, en la amenaza y la cooptación, la distribución de empleos públicos y canonjías en gran escala.

Entre más crecía la inconformidad y la organización opositora, más dinero se dedicaba a comprar lealtades políticas. Se llegó a extremos escandalosos que ocuparon primeras páginas de la prensa nacional, pero que no tuvieron consecuencia alguna. La impunidad terminó en una crisis de seguridad.

Ante los hechos que están ocurriendo, debería haber la suficiente inteligencia nacional y regional como para dar una oportunidad nueva a los tabasqueños. El agua que hoy destruye, puede ser el gran soporte de la economía en un país y un mundo que carecen de ellas. En torno al agua puede haber desarrollos ambiental y tecnológicamente avanzados que la aprovechen. La agricultura, con otros enfoques, puede generar nuevos empleos para reducir la migración. La presencia de Pemex, ser utilizada para fomentar la industria. La necesidad de mejor infraestructura, convertirse en una palanca para reactivar la economía y el empleo.

Si se frena la corrupción, se reduce el despilfarro, baja el gasto corriente, se impulsan nuevos proyectos, se fortalece el desarrollo social, se desmonta el aparato público de intimidación, propaganda y elecciones; ¿no sería posible levantar el ánimo de quienes hoy sufren las consecuencias de la naturaleza y de la mala conducción pública? Sí. Falta que, a partir de ideas claras, haya: en unos, flexibilidad; en los otros, unidad y organización.

Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista

 
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PERFIL
 
Ex diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue candidato presidencial en 2000 por el desaparecido Partido del Centro Democrático (fundado por él mismo).

En 1994 fue nombrado comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas. Durante el sexenio de Carlos Salinas, fungió como secretario de Relaciones Exteriores de diciembre de 1993 a enero de 1994. Asimismo, se desempeñó como jefe del Departamento del Distrito Federal.

 
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