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    Afores, críticas sustentadas
Editorial EL UNIVERSAL
16 de octubre de 2007

El sistema de Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores), creado hace 10 años, no ha logrado captar la confianza plena de los trabajadores debido a prácticas indeseables de algunos de sus operadores, que limitan con ellas el camino del ahorro interno tan necesario para el país. Su mayor y mejor regulación es por tanto indispensable.

Las Afores manejan más de 37 millones de cuentas, que suman más de 800 mil millones de pesos propiedad de los trabajadores.

En un país urgido de acrecentar el ahorro nacional, para promover nuevos negocios que generen otros empleos y propicien el crecimiento económico, la función de crear estímulos de todo tipo —incluso fiscales— para el ahorro personal es muy estimable. Lástima que en México se desperdicie el instrumento.

Poco más de la mitad de las sociedades de inversión encauzan 65% de sus recursos a valores gubernamentales, con un impacto positivo en las finanzas públicas. Sin embargo, aun los encargados de velar por ellas reconocen que “todavía falta camino por avanzar”, como lo dijo ayer el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz.

Este funcionario y varios más hicieron críticas sustentadas a las comisiones que se cobran en las Afores, porque son altas a nivel internacional.

La competencia entre firmas, sean públicas o privadas, debe darse destacadamente por vía de sus cobros por manejo de cuentas, ya que las Afores invierten los ahorros de sus clientes y de los rendimientos obtenidos sacan un pago por concepto de la operación. Si en México no está sucediendo cabe preguntarse si es por un acuerdo entre ellas para no bajar de un cierto piso.

Pero no sólo es un asunto de precio; también debe serlo de servicio, donde entra primero la ética del que lo presta y, en ausencia de ésta, la regulación de la autoridad.

Piratear clientes se ha convertido en una práctica indeseable. Con frecuencia se da sin consentimiento del involucrado, incluso falsificando papeles. El consumidor es sorprendido y la carga queda en él para demostrar que se actuó en contra de su voluntad, haciéndole perder dinero.

Esto sólo puede abonar a la desconfianza de la que se habló. Las autoridades, más que reprimendas discursivas, deberían asegurarse de aplicar sanciones ejemplares a promotores e instituciones que incurran en la desaseada práctica.

El comportamiento de empleados o firmas que anteponen sus carreras o resultados contables al desarrollo nacional es altamente censurable.

El capitalismo, como lo reconoció ayer la academia sueca que otorga el Premio Nobel al galardonar a tres profesores de universidades estadounidenses por su investigación en modelos de diseño económico, funciona incorrectamente si el regulador no sanciona conductas de manejo privilegiado de información y negociaciones entre grupos de interés.

Sanear procedimientos y avanzar en algunas ideas en uso en otros países —como la posibilidad de incorporación de trabajadores informales a través de cuentas personales e inversión en instrumentos que beneficien a pequeñas y medianas empresas— es la vía a transitar para no lamentarse en el siguiente aniversario del sector de que las Afores defraudan su potencial como motor del crecimiento.

 
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