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    Aguinaco, adiós a un precursor
Gerardo Laveaga
5 de octubre de 2007

El pasado 29 de septiembre murió Vicente Agui-naco, uno de los hombres más significativos en la vida de nuestro Poder Judicial federal. Si hubiera que elegir un adjetivo para calificar su legado, éste sería, a no dudarlo, el de precursor. Durante los cuatro años que encabezó la Suprema Corte de Justicia de la Nación —1995 a 1990—, su presidencia no pudo resultar más trascendental y, al mismo tiempo, más controvertida.

Para los conservadores, Aguinaco desató fuerzas que, a la manera del aprendiz de brujo, no fue capaz de controlar. Para los liberales, le faltaron agallas. Unos y otros admiten, sin embargo, que abrió las puertas y condujo el proceso de transición entre un Poder Judicial sumiso, anquilosado, a uno independiente, capaz de destituir funcionarios públicos, obligar a un gobernador a reconocer las prerrogativas constitucionales de un presidente municipal y de anular actos del Ejecutivo federal.

A lo largo de su vida, Aguinaco tuvo un pie en el mundo de las tradiciones y otro en el de la modernización: hablando el lenguaje de los jueces de viejo cuño, logró acabar con las designaciones de juzgadores que se hacían por dedazo; garantizó la profesionalización y el servicio de carrera judicial; estableció las bases de la organización del Consejo de la Judicatura; inauguró las casas de la Cultura Jurídica para fortalecer el diálogo con las entidades federativas; diseñó los alcances del Tribunal Electoral e impulsó los mecanismos para que se mantuviera informada a la sociedad civil sobre juicios y sentencias.

“Un político debe ser zorro y león”, escribió Maquiavelo. Por su temperamento y formación, Aguinaco sólo fue león. Esto le hizo “caer en las trampas de los cazadores”, que hasta grabaron y distorsionaron sus conversaciones telefónicas. Otras veces, lo obligaron a titubear. En el caso del anatocismo, tardó más de 15 días en explicar el asunto a los medios, vacío que aprovecharon los barzonistas para difundir su propia versión y desprestigiar a la Corte. Luego, en su informe final, Aguinaco no logró reprimir su enfado: “Gamberros”, los acusó. Si hubiera tenido algo de zorro, nunca lo habría hecho. Las críticas le llovieron.

Pero ser león tuvo sus ventajas: contra la opinión de algunos de sus compañeros, concedió entrevistas y se reunió con los directivos de los medios de comunicación. Un presidente de la Suprema Corte nunca había hecho algo similar. Para dialogar con los concesionarios, fue a dar hasta la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión, ante el escándalo de algunos consejeros. “Vas a abrir la caja de Pandora”, le advirtieron. Ellos opinaban que un juez no tenía por qué dar explicaciones a nadie. “Ya la he abierto”, admitió Aguinaco. Y, en efecto, aquellos pasos que dio, fueron decisivos para que la Corte irrumpiera en la escena nacional.

Educado en los valores del siglo diecinueve, pero con una visión amplísima sobre el futuro, este guanajuatense apuntaló la independencia judicial. Cáustico y gruñón, más de una vez lastimó a sus interlocutores, que no compartían su visión descarnada de la realidad o su sentido del humor. Su generosidad, no obstante, le permitió cerrar las heridas que pudo haber abierto. Entre sus cualidades también habría que destacar su lealtad. Concebía esta virtud con carácter bilateral y estaba consciente de que no podía exigirla si él no la demostraba. Se jugaba el pellejo por sus colaboradores eficientes y, así, despertó afectos incondicionales.

Lo que más debe importar a un jefe, afirma Peter Drucker —sea éste político o empresario—, son los resultados. Para Drucker, los verdaderos líderes son los que transforman el mundo sin ruido. Los líderes auténticos, precisa, “tuvieron visión, profunda fe, sentido del deber y voluntad para trabajar muy duramente”. Vicente Aguinaco poseyó todo esto en grandes cantidades. Su legado se irá haciendo patente a medida que México avance hacia el estado democrático de derecho al que todos aspiramos y que él, como pocos, contribuyó a consolidar. Descanse en paz.

Director general del Inacipe

 
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