| El Congreso aprobó las bases constitucionales para una buena reforma electoral. Cambió el modelo de financiamiento y de relación de los medios con la política. Los legisladores sorprendieron a todos. ¿Cómo fue que pudieron hacerlo en circunstancias tan desfavorables? ¿Qué consecuencias tiene este cambio para el futuro? La reforma no fue una concesión de los grupos de poder que, apenas hace un año, llevaron la confrontación política a sus extremos. Tampoco era prioritaria para el Ejecutivo, cuyos esfuerzos se concentraron en sacar adelante la reforma tributaria. Aún con la ley para la reforma del Estado, en las condiciones de confrontación existentes entre las fuerzas políticas, era improbable su aprobación. La reforma fue posible por una combinación virtuosa de estrategia, determinación, astucia y suerte. Para los senadores y diputados del Frente Amplio, la reforma era su tabla de salvación. Entre la presión del movimiento social y las acusaciones de cooptación, les abría un espacio de poder propio y digno. Para los senadores del PRI, la reforma les daba poder dentro de su partido, los fortalecía en el diálogo con el Ejecutivo y mejoraba su prestigio en la opinión pública. Para los senadores del PAN era, en un principio, la zanahoria para sacar adelante la reforma tributaria y para evitar que el día del Informe se repitieran los acontecimientos del primero de diciembre del año anterior. La estrategia fue acertada. En un grupo cerrado se hizo el trabajo técnico (excelente) y la negociación. Si el grupo se hubiera abierto, se habría acabado con la unidad conceptual y las filtraciones habrían aglutinado las reacciones en contra. Se manejaron los tiempos para evitar un engaño: se evitó que la reforma tributaria fuera aprobada antes del día primero y que el Presidente se luciera con un nuevo formato. Con unos tiempos en contra del gobierno, aumentó la capacidad de negociación de la oposición. Dentro del PRI fue afortunada la combinación de la sagacidad de Beltrones, el trabajo sistemático de Pedro Joaquín y el peso de Murillo. Dentro del propio PAN fue venturoso que Santiago Creel tuviera la coordinación en el Senado y que Ricardo García Cervantes fuera un conducto en la negociación. Creel no tenía nada que ganar si se supeditaba a los intereses de los medios y mucho si era funcional a una negociación seria con la izquierda y el PRI. García Cervantes es un hombre de convicciones democráticas que le podía hacer un servicio al Presidente, si ayudaba a destrabar la parálisis. En la izquierda hubo destreza. La reforma, era su proyecto de años y el que el FAP había plasmado en su plataforma legislativa. Para Navarrete, Ortega y Acosta Naranjo, la reforma electoral les era crucial. Se contó con el profesionalismo de Núñez y el liderazgo de Javier González que consiguió y mantuvo el apoyo de la Cámara de Diputados. Ellos, y otros, hicieron política en serio: se movieron tanto con el PAN como con el PRI. Aprovecharon la presión del movimiento social y los cuestionamientos a la legitimidad. Juntaron la reforma electoral con el día primero y la amarraron con la tributaria, a un punto tal que, de no haberse aprobado la reforma, el país habría entrado esta semana en una crisis. Todo, sin que el movimiento social se hubiera expuesto a un engaño. Hubo dos hechos circunstanciales que consolidaron el acuerdo. Uno, fue el desplante de los medios de comunicación ante los legisladores: cuando pretendieron hacer pasar a los representantes populares por debajo de sus horcas caudinas. Después de ello, cualquier cambio que podrían haber operado en lo oscurito, se volvió imposible hasta para sus aliados de antaño. El otro, fueron los atentados contra Pemex. Con los frentes que el gobierno tiene abiertos, no se podía dar el lujo de seguir sobregirando contra la legitimidad. La reforma abre la oportunidad para la creación de un nuevo equilibrio. Si las circunstancias se aprovechan, permitirá convenir nuevas reglas de convivencia para todos. De no ser así, será un combustible para multiplicar las inconformidades sociales. Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista |