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    Yunques, compases, escuadras
Jean Meyer
5 de agosto de 2007

Me escribe un lector, ahora colabo-rador involuntario, el comentario siguiente a propósito de El Yunque: “Lo que puede establecerse por analogía con el funcionamiento de las sociedades masónicas, rosacruces y teosóficas, es que los partidos y las logias pueden parecer transparentes entre sí, pero sus traslapes son complejos. El Yunque, o cualquier otra asociación parecida que surja después —tal vez todavía más secreta que el secreto mismo— pudo haber perdido una asamblea del Partido Acción Nacional, pero es improbable que dependa de ello para su articulación interna. Un grupo así puede tener una perspectiva providencial (esto es, postergable siempre) de acceso al poder. En lo inmediato, sin embargo, puede conformarse con medrar en la sombra y explotar lo mejor posible dos o tres posiciones conquistadas.

“Con eso, en la medida en que le permita financiar su funcionamiento cotidiano, puede sobrevivir años y esperar mejores tiempos. Los verdaderos radicales, de cualquier signo, pueden ser muy pacientes. La articulación entre secreto e ideología puede minar severamente los fundamentos del Estado, como ocurrió en Italia con la logia P2; el verdadero riesgo que correría alguien como el presidente Calderón no sería que le ganaran una asamblea —su terreno natural, para un militante a la antigua, formado en la juventud de algún partido, alumno y profesor de una escuela de cuadros— sino que, como a Aldo Moro (el líder de la democracia cristiano-italiana), lo dejaran solo en medio de una crisis”.

Muchas gracias, estimado correspondiente; ayuda mucho su reflexión para avanzar en el análisis de ese “enigma envuelto en un misterio”.

Y tan es cierto lo que usted dice, que parece confirmado el hecho de que la lista de consejeros nacionales del PAN, de los que fueron ratificados o electos en la Asamblea Nacional de ese partido, el pasado 2 de junio en León, incluye como mayoría a conspicuos militantes de El Yunque que ahora se ostentan “calderonistas” o “creelistas”. Las notas de prensa, tanto las espontáneas como las inducidas desde Los Pinos, nos pintaron una aplastante victoria del presidente Calderón y de la democracia sobre el abucheado Espino y El Yunque, sin saber que una derrota de Espino no significa la de El Yunque, organización para nada personalista, sin saber quiénes son esos hombres y esas mujeres: de hecho su actuación a lo largo de los años da fe de sus lealtades y obediencia a algo que no es el PAN, si bien ese algo está infiltrando y “arropando” al PAN y a sus gobiernos municipales, estatales y federal.

Luis Fernando Bernal, autor de Los católicos y la política en México, libro reciente y apasionante, es uno de los pocos autores que han estudiado a fondo las trayectorias de las sociedades secretas (o “reservadas”) católicas en México desde que la primera de ellas fue fundada, en tiempos de Venustiano Carranza, si no me equivoco, por el sacerdote y futuro arzobispo de México, Luis María Martínez: la famosa “U”, de la cual me hablaron los veteranos cristeros de Jalisco y Michoacán.

El Yunque es la última y, posiblemente, la más fuerte de esas sociedades “reservadas”; se dice “reservadas”, porque hace mucho que la Iglesia católica romana ha prohibi-do a los católicos trabajar en sociedades secretas, con juramento sobre el modelo masónico. Con esa artimaña en forma de restricción mental, esos católicos, un tiempo dirigidos por sacerdotes y obispos (ya no es el caso de El Yunque), “obedecen (a Roma) pero no cumplen”.

Según me explicó Luis Fernando Bernal, en una larga, privada y circunstancial conversación, El Yunque es la continuación de una forma de lucha de los grupos católicos militantes que inició en la segunda década del siglo pasado, a partir del triunfo del sector más anticlerical de la revolución constitucionalista; entre las diversas y múltiples formas de resistencia y de militancia católica engendradas por el anticlericalismo, la “U” (por unión, según me platicaron), ideada y dirigida por monseñor Luis María Martínez, gran amigo del general y presidente Lázaro Cárdenas, fue la más importante; se prolongó con las legiones, estudiadas por Servando Ortoll, y la base, que “arropó” y destruyó al sinarquismo, cuando Salvador Abascal amenazaba con volverse incontrolable. Después del arzobispo Martínez esas sociedades “reservadas” siguieron siendo católicas, pero los laicos se emanciparon del control tutelar del clero.

El Yunque heredó las virtudes y los vicios de sus antecesores y antiguos compañeros de lucha, y a principio de los años 1970 empieza a infiltrar organismos civiles y empresariales como la Coparmex, Concanaco, Unión Nacional de Padres de Familia, y funda otros como la Asociación Nacional Cívica Femenina, Desarrollo Humano Integral AC (Dhiac), Pro-Vida, etcétera. En los mismos años se mete al PAN, no tanto para apoderarse de él, sino para utilizar a los “tontos útiles”, a los “compañeros de camino” (los yunques emplean esas expresiones leninistas, quizá sin saber que el autor era Vladimir Ilich —a— Lenin). Es cuando nacen a la política los Bravo Mena, Ana Teresa Aranda, Espino, Francisco Salazar Sáenz, Guillermo Velasco Arzac, Serrano Limón, César Nava Miranda, Rafael Ayala López…

En el PAN, y fuera del PAN, existen dos tendencias acerca de la revelación de la existencia de El Yunque; una niega y piensa que es una invención de los enemigos del PAN para descalificarlo; la otra es alarmista y ve en El Yunque una organización fascista que intenta instaurar en México un totalitarismo de corte católico integrista. Hace falta conocer mejor una organización que mantiene un velo sobre su programa y su funcionamiento, pero podemos decir de manera esquemática que El Yunque, si no es tan temible como se puede pensar, sí es peligroso: ve al PAN como un instrumento y su estrategia es “arropar” a los que detentan el poder. Tardó 25 años en colocar a uno de los suyos en la dirección del PAN y no tiene prisa; la “derrota” del 2 de junio en León no es ninguna derrota; hasta puede interpretarse como la nube de tinta que echa el calamar para disimular su marcha.

jean.meyer@cide.edu

Profesor investigador del CIDE

 
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PERFIL
 
Profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) donde, además, fundó y dirige la División de Historia. Es miembro de la Academia Mexicana de Historia desde 2000 y director de la revista de historia internacional ISTOR. Ha sido profesor-investigador en El Colegio de México, en París y en Perpiñan, así como en El Colegio de Michoacán.
 
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