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    Fondos soberanos
Enrique del Val Blanco
2 de agosto de 2007

Ahora resulta que los fondos soberanos de varios países que antes fueron colonias de los europeos fundamentalmente están viéndose como una amenaza para los países desarrollados.

Una vez más la visión estrecha del colonialismo sigue presente en los gobiernos de los países que tanto han apoyado la libre circulación de todo, incluyendo especialmente los recursos financieros.

La imposición del capitalismo salvaje en todo el mundo propiciada por ellos ahora se torna en contra de sus muy particulares intereses, por lo que se muestran preocupados y proponen que existan reglas claras sobre qué y cómo se puede aceptar la intervención de estos fondos soberanos en las empresas mediante participaciones parciales o compra total.

Han sido los alemanes quienes han dado la voz de alarma en palabras de su primera ministra, la señora Merkel, indicando que sería conveniente la creación de una agencia europea semejante a la que existe en Estados Unidos, denominada Comité de Inversiones Extranjeras, para limitar y opinar sobre la participación de estos fondos en aquellas áreas que se consideran estratégicas y que según ella deben permanecer en manos locales. Incluso, el comisario europeo para Asuntos Comerciales, el señor Mandelson, ha propuesto lo que se denomina una “acción de oro” que garantice el control de esas empresas a través del derecho de veto.

Los fondos son el resultado de las magníficas ganancias que han obtenido por primera vez muchos países gracias específicamente a los precios del petróleo y del gas, y que esta semana, por cierto, el barril del primero ha alcanzado la cifra récord de 78 dólares.

Así, estamos viendo que países como China, Qatar, Singapur y otros han acumulado tales niveles de reservas que no son suficientes los rendimientos que les proporciona, por ejemplo, la compra de bonos del Tesoro estadounidense y, dentro de la lógica del capitalismo, buscan obtener un mayor rendimiento por su dinero, lo cual resulta normal en la economía actual.

El único problema es que los países desarrollados nunca pensaron que los hoy llamados emergentes llegarían a tener tal tamaño de riqueza que hiciera verlos minimizados en el mundo actual. Ellos, los que llevan cientos de años expoliando las economías del tercer mundo, se sienten agredidos. Pobres de ellos.

El banco Morgan Stanley ha estimado que el total de recursos de China, Rusia y varios países árabes que han establecido fondos soberanos podrían llegar a la cifra de 2 mil 500 miles de millones de dólares, lo cual nunca antes se había visto. Esto ha permitido, por ejemplo, que parte de Chelsea, uno de los barrios más caros de Londres, sea propiedad del gobierno de Qatar, o que una parte del banco Barclays ahora sea propiedad del gobierno chino. Y así podríamos seguir en esta etapa del capitalismo, donde existen muchos recursos disponibles en estos fondos soberanos para comprar lo que quieran. Al fin y al cabo tienen dinero, que es el principal motor del sistema, ¿o no?

El inefable Fondo Monetario Internacional también ha salido a la palestra para mostrar su preocupación por lo que está sucediendo en el mundo financiero, y está estudiando formas para que los fondos soberanos se ciñan a reglas claras. Lo cual quiere decir que se ciñan a las reglas que dicten los países desarrollados para seguir controlando el sistema, al fin y al cabo de eso se trata.

Hasta la llegada de estos fondos soberanos, las políticas de los organismos internacionales, apoyados fundamentalmente por los países desarrollados, eran que todos abrieran sus mercados y que quien ofreciera los mejores recursos se quedara con el pastel. Así hemos visto en nuestro país, por ejemplo, que con una excepción la banca es propiedad extranjera, como ocurre en muchos otros países de nuestro hemisferio. Además, han insistido una y otra vez que abramos a la participación extranjera los sectores que se consideran estratégicos. Pero ahora que los posibles compradores de esas áreas en sus propios países no son nacionales, o por lo menos nacionales de otros países ex colonialistas, se muestran preocupados. El único comentario a lo anterior es: ¡qué cinismo!

¿Cuál sería la diferencia en nuestro país, si en vez de que la banca hubiera sido comprada por estadounidenses y españoles principalmente, la hubieran comprado chinos o rusos? ¿En eso radica el problema?

El problema está en que el pastel completo lo quieren para los que tradicionalmente se han quedado con todo, y esto por lo visto está por acabarse debido a los cuantiosos recursos sobrantes que tienen algunos países emergentes.

Hay países como Francia que, en el colmo del nacionalismo, han vetado la compra de industrias nada estratégicas. Tal fue el caso de la empresa alimentaria Danone, que quería comprar la Pepsico, y el anterior gobierno del señor De Villepin vetó.

De lo que no se han dado cuenta es que el monstruo que engendraron con el libre comercio se ha vuelto principalmente contra ellos y quieren dar marcha atrás, lo cual pareciera como una contradicción dentro de las reglas de este capitalismo salvaje propiciado por ellos mismos, apoyados por los organismos internacionales fundamentalmente.

Ahora que no nos vengan con el cuento de que para ser más eficientes tenemos que abrir a la inversión extranjera las pocas empresas públicas que nos quedan, si ellos en sus propios países la rechazan, como fue el caso de la pretendida compra de una refinería de petróleo en EU por los chinos y que fue vetada por este país. Es decir, todo es posible en los bueyes de mi compadre.

En la globalización la llegada de estos fondos soberanos a los únicos que ha puesto a temblar ha sido a los que han dominado el mundo en el último siglo y ahora tratan de que no se salgan de su control, lo cual es imposible.

O nos ponemos de acuerdo en cómo debe desarrollarse el mundo para que exista menos pobreza y desigualdad o de plano que sean las famosas fuerzas del mercado y la mano invisible las que lo determinen. Lo único que no se vale es pedir reglas abiertas para afuera y adentro exigir la protección total, de acuerdo a sus “intereses nacionales”.

Analista político y economista

 
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PERFIL
 
Analista político y economista. Secretario general de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde también actuó como contralor general. En el ámbito público, fue subsecretario de la Contraloría y subsecretario de Desarrollo Social.
 
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